Crisis climática: el problema no es el futuro, el problema es hoy

La situación ambiental se agrava con mayor celeridad y aquello que para muchos ocurría siempre en alguna otra parte comienza a ser cada día más tangible. Los estudios y las proyecciones sobre datos bien concretos dejan a las claras, sin un grado de exageración, lo frágil de la vida sobre el planeta si no se toman medidas urgentes. La voz de Maristella Svampa.

Maristella Svampa opinó sobre las consecuencias del cambio climático en Argentina.

Sin embargo, el tema no parece ser prioridad en la agenda política. Por el contrario, el camino sigue siendo el de acentuar modelos caducos que siguen proponiendo al territorio como zona de sacrificio en pos de un desarrollo inexistente. Porque lo cierto es que, lejos de los panfletos por el bien común y las bondades del progreso, los mapas de la pobreza coinciden en todo el mundo con los de la degradación ambiental. “Tenemos que tomar las riendas ahora, en el presente, porque lo que está en riesgo es la vida misma. Ya no se trata de pensar en las futuras generaciones: es posible que, de seguir así, no haya futuro”, dice la socióloga y escritora Maristella Svampa en diálogo con Al Margen.

Autora entre otros libros de El colapso ecológico ya llegó. Una brújula para salir del (mal) desarrollo, realizado de manera conjunta con el abogado ambientalista Enrique Viale, Maristella es una de las firmantes del petitorio que circula por estas horas por un #CupoSocioAmbiental que ya firmaron más de 2700 personas del ámbito de la cultura, la academia y los derechos humanos, para que de cara a las próximas elecciones parlamentarias cada candidato y candidata se pronuncie con proyectos estratégicos y propuestas concretas en relación con la protección de los bienes comunes como el agua, los ecosistemas y el territorio; propuestas para reducir la pobreza estructural (tierra y servicios; techo y trabajo), y una agenda de transición ecológica integral -energética, productiva, urbana y rural. Como señalan en el documento, preocupa la ausencia de los temas socioambientales y de la crisis climática en el debate político de la Argentina.

La demanda tuvo un importante alcance en concordancia con los alarmantes datos que se desprenden del último estudio del IPCC, Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático donde 230 científicos alcanzaron la proyección más completa desarrollada hasta ahora sobre el calentamiento global que habla de daños irreversibles para el planeta con aumentos en las temperaturas que llegan a los 1,5 grados para las próximas dos décadas.

Lo cierto es que desde todo punto de vista urge tomar cartas en el asunto. “Hay una ventana de oportunidad que debemos aprovechar para hacer reformas estructurales en relación al modelo de apropiación de la naturaleza, al modelo de desarrollo, al de consumo. Del Informe podemos extraer que vamos a tener que acostumbrarnos a estas olas de calor, sequias, eventos extremos, al daño en término de derretimiento de los hielos, de acidificación de los océanos. Pero todavía tenemos la posibilidad de no atravesar el denominado punto de no retorno que implicarían un empeoramiento del clima en la tierra que haría insostenible la vida. Hay que tomar medidas radicales”.  

De esta manera, Svampa señala la necesidad de entablar un debate sobre lo que se considera el problema político de nuestra época: la crisis climática y su vínculo con los modelos de mal desarrollo. “La crisis climática no es algo abstracto o que aparece en eventos extremos que no tienen causas. Las causas están ligadas a la quema de los combustibles fósiles, a los cambios en el uso de los suelos y a los modelos de mal desarrollo en líneas generales”, dice la investigadora y observa que la Argentina es una ilustración de modelos de mal desarrollo con el avance del fracking, la mega minería, del agronegocio, los monocultivos, que tienen además impactos socio-sanitarios muy fuertes.

“Frente a esto lo que vemos es la tendencia por parte del campo oficialista a buscar una suerte de reactivación económica a través de la expansión del extractivismo y, por ende, del aumento de la deuda ecológica, porque lo que estamos haciendo es destrozar los ecosistemas y acorralando a las poblaciones. Nuestra propuesta es que tomemos conciencia de la gravedad de los problemas ecológicos y apostemos a propuestas concretas de salida”.

En esa línea se han planteado un listado de 17 propuestas (ver al final) que apuntan, por un lado, a una protección de los bienes comunes, demandando una Ley de Protección de los Humedales, la no desforestación, una Ley de delitos ambientales, una Ley en defensa de la naturaleza, una Ley de acceso al agua potable, entre otros puntos. En segundo lugar, también se propone una agenda de adaptación a la crisis climática que afecta principalmente a los sectores más vulnerables. “Estamos hablando de sectores urbanos, rurales, pueblos originarios, campesinos, que no tiene acceso a los servicios básicos y que en el marco de la crisis climática son los que van a sufrir más sus impactos”.

Junto con esto, otro segmento de las propuestas de este documento -que demanda habilitar la discusión política sobre modos de producción y consumo sostenibles- tienen que ver con plantear, justamente, una agenda de transición socioecológica. “En otras latitudes son conscientes del momento crucial que estamos atravesando, en términos de crisis civilizatoria que la pandemia agudizó. El Banco Europeo está desembolsando enormes cantidades de dinero para hacer la transición energética y abandonar los combustibles fósiles para ir a una sociedad de eficiencia energética. Joe Biden desde EEUU también está apostando a una agenda energética de descarbonización. Pero estas cosas no se están discutiendo en Argentina”.

La bajante del Paraná, otra muestra del cambio climático.. Foto: Hernán Saravia/cf/Telam.

-Algo que cruza estos tiempos es la idea de oponer lo social a lo ecológico o ambiental. Pero vos hablabas de una falsa oposición.

-El gobierno y ciertos sectores están empujando la idea de que la reactivación económica solo se puede hacer con más extractivismo, que se paga con deuda ecológica, destruyendo nuestros territorios. Creo que tenemos que revertir esa idea porque básicamente no es lo que produce un bienestar en las sociedades. Lo que hace es acorralarlas aun más, destruyendo los ecosistemas y generando más pobreza. No produce desarrollo endógeno esto de exportar bienes comunes para pagar la deuda externa, nos entrampa en un dilema que debemos romper de cuajo. Argentina junto a otros países de América Latina debe participar de las discusiones desde el sur global para proponer un plan climático que apunte a la justicia ambiental. No podemos dejar pasar este momento. La actitud de apostar al extractivismo y la destrucción de los ecosistemas para pagar la deuda externa es funcional a los intereses del norte, que está buscando hacer la transición energética corporativa a costa de los territorios del sur. Ese dilema tenemos que tenerlo muy en claro, porque una de las discusiones que viene es la de poner en el debate público internacional la deuda ecológica que tienen que pagar los países ricos, y la asociación que esto tiene con la deuda externa. Porque cada bien común, cada commodity que estamos exportando implica también exportar servicios básicos como el agua dulce, la electricidad, que no está contabilizado en el precio de la materia prima.

-La iniciativa habla de esta vigencia del mandato exportador, así sea con zonas de sacrificio.

-Todos han caído en la trampa de que necesitamos exportar y abusar aún más de la naturaleza para pagar la deuda externa y esto nunca ha traído solución, es parte del problema. Este es un gobierno entrampado cada vez más en el problema, defendiendo el extractivimo ante el mandato exportador. Ya no se discute más el modelo de desarrollo, lo único que se busca son dólares a toda costa, sin importar la salud de la gente, los territorios, los ecosistemas, con el falso discurso de que eso va a traer bienestar en las poblaciones. Pero miremos la historia de Latinoamérica, de Argentina: en los últimos 20 o 30 años, eso no ha sido así. Deuda ecológica y deuda externa son dos caras de la misma moneda. Tenemos que avanzar hacia una cancelación de la deuda externa y que los países del norte asuman la deuda ecológica. Son ellos los que tiene que colaborar y pagar gran parte de la transición ecológica que necesitamos hacer desde el sur.

-Tampoco la solución va por el lado de ser dueños de la explotación.

-Estatizar empresas para tener un control nacional no es la solución al problema. Puede ser un punto de partida para pensar el auto abastecimiento, por ejemplo, en relación a la energía, pero no basta con tener una empresa nacional como YPF porque en realidad lo que tenemos que hacer es dejar de extraer y consumir combustibles fósiles. Sobre todo el gas del fracking cuyos impactos son aún mayores que los de la industria hidrocarburífera tradicional o convencional. Hoy la Confederación Mapuche está haciendo una serie de cortes de acceso a los principales mega proyectos de Vaca Muerta ante la falta de respuesta, porque los problemas de escasez de agua ya se sienten y la relación entre sismicidad y fracking es más que evidente, entre otros problemas que incluyen, además, el no reconocimiento de los territorios de los pueblos originarios y el derecho de consulta. Entonces, puede ser una vía intermedia plantear un control nacional de las empresas, pero no es la solución a los problemas. Necesitamos pensar una salida de la matriz energética basada en combustibles fósiles que hoy son del 86% y donde la mayor parte tiene que ver con el gas.

La Confederación Mapuche de Neuquén protesta frente a YPF por las consecuencias del Fracking. foto David Sanchez Amb. Télam.

Crear una salida

Frente a este abanico de problemáticas que se abren y que urge afrontar es que se plantea como necesidad imperante discutir y debatir la transición. Y en este sentido también es que va el documento presentado donde queda asentado que no es cierto que este sea un debate que sólo le importa al «ambientalismo» como se ha querido imponer: las pandemias de origen zoonótico o el agotamiento hídrico, llaman a la puerta de todos. Por eso es urgente pensar una agenda socioambiental con participación ciudadana.

Sin embargo, hasta el momento, como señala Svampa no solo no estamos discutiendo ninguna transición, sino que lo que se está imponiendo es una transición corporativa, de mercado que manejan los países del norte de la mano de corporaciones transnacionales. “Lejos de discutir estas cosas se están discutiendo banalidades, es un debate muy vacio en términos políticos”, dice. Sin embargo, también asevera, hay oportunidad de dar un debate real sobre la necesidad de un plan climático global asentado en una transición justa que no siga profundizando aun mas las asimetrías entre norte y sur. Asimismo, cuestiona la ceguera desarrollista que “sigue usando palabras rimbombantes como progreso y desarrollo, cuando en realidad es eso que llamamos progreso y desarrollo el responsable de que el planeta esté al borde del colapso”.

Por otro lado, criticó de manera contundente a la idea de que el gas por fracking es un combustible puente para la transición. “Eso es una invención de las grandes corporaciones petroleras. Con el autoengaño se sigue impulsando la idea de que tenemos que convertirnos en una potencia exportadora, y en realidad el presupuesto de carbono que existe a nivel mundial no permitiría que se extraiga todo el gas que hay en Vaca Muerta. Negar la evidencia habla de una ceguera desarrollista que está obstaculizando la posibilidad de pensar salidas creativas, está taponando la imaginación política y solo se piensa a la Argentina como una potencia exportadora. Surge algo como el hidrógeno verde e inmediatamente se piensa en términos de grandes exportadores, en vez de pensar en satisfacer la necesidad de la población”.

La extracción de litio es otra de las aristas que merecen discutirse. “Durante los 4 años de Macri hubo un festival de concesiones a trasnacionales, donde se entregó el litio de las diferentes provincias atropellando el derecho de las poblaciones, muchas de las cuales se oponen por el tipo de extracción contaminante: es minería de agua en el marco de ecosistemas como los salares que son muy frágiles y áridos. Lo que estamos haciendo es garantizar la transición energética para los países del norte global, mientras acá seguimos arrasando territorios”.

-Como ves la importante irrupción de los jóvenes en este debate.

-Hay un ambientalismo popular que articula desde las asambleas locales, territoriales, que encontramos en las distintas provincias, hasta estas nuevas organizaciones juveniles que están muy asociadas a ese grito desgarrador de Greta Thumberg que movilizó a todos los jóvenes en el mundo. Es bueno subrayar que a nivel continental la Argentina es el país que tiene las organizaciones de jóvenes más potentes y numerosas. Una de ellas es Jóvenes por el Clima, con quienes trabajamos juntos en esta propuesta de tipo socio ambiental. El libro El Colapso Ecológico plantea justamente un diálogo intergeneracional con los jóvenes que efectivamente vinieron a oxigenar al movimiento socioambiental, a darle más visibilidad, a amplificar la voz y a decir que el problema no es el futuro, el problema es hoy.

Ambientalistas recorrieron esta semana el río Paraná pidiendo por la Ley de Humedales. Foto: Télam.

LINK CUPO Social Ambiental:  https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSelvIzfDZuRG7LpPQCa7CCrUJ4tLMoarpM_YcYEme9CWRc1nw/viewform

17 Propuestas:


– Proyecto de Ley de presupuestos mínimos para la Protección Ambiental de Humedales (3819-D-2020).
– Proyecto de Ley Nacional de Acceso al Agua potable, que declare el acceso al agua como Derecho Humano (P2020/2641).
– Proyecto de Ley de Delitos contra el Ambiente y la Naturaleza.
– Prohibición total de desmontes de los bosques nativos, frente al avance de la deforestación (en el marco de la Ley de Delitos contra el Ambiente y la Naturaleza).
– Proyecto de Ley de Agroquímicos que prohíba la aplicación aérea, e igualmente prohíba la aplicación a menos de 1500 metros de escuelas rurales, viviendas y asentamientos urbanos.
– Proyecto de Ley Nacional de Envases con Inclusión Social.
– Proyecto de Ley de Acceso a la tierra y promoción de la agroecología como sistema integral de producción, comercialización,
agroindustrialización y consumo de alimentos.
– Proyecto de Ley de reconocimiento de los derechos de la Naturaleza (6118-D-2020).
-Proyecto de Ley de propiedad comunitaria indígena, una deuda constitucional para con los pueblos originarios de nuestro país.
– Derogación del marco regulatorio minero (entre ellos, de la ley de inversiones mineras 24196/93 y sus modificatorias, y el Tratado Binacional minero con Chile).
– Derogación de las leyes neoliberales que regulan el sector energético, y avance en la desmercantilización de la energía.
– Elaboración de un Plan de Transición Energética, basado en la descarbonización y promoción de energías renovables, promoviendo la pequeña y mediana escala. Freno a la expansión de la frontera hidrocarburífera.
-Recuperación de las concesiones hidroeléctricas. Por una gestión pública, hacia la desprivatización de la energía
-Rechazo de los acuerdos a nivel nacional y provincial de las mega factorías porcinas que quieren instalar en Argentina, para la exportación.
– Cese de circulación con fecha de vencimiento para 2035 del 80% de todo el parque automotor con combustibles fósiles emisores de gases de efecto invernadero y su reemplazo por vehículos no contaminantes, en el marco de un programa de transporte público intermodal sostenible.
– Plan Nacional de Sustitución de Importaciones en infraestructura de energías renovables y eficiencia energética.
– Cese inmediato de la explotación pesquera (buque-factoría) e hidrocarburífera internacional en la Plataforma Continental del Mar Argentino e Islas del Atlántico Sur.
– Por un Nuevo Plan Estratégico de Desarrollo Territorial Federal y Socioambiental en la Argentina. Promover la integración urbana de los barrios populares, el acceso al suelo y a la vivienda social, entendiendo estos derechos como parte de una política integral de adaptación climática
– Por una política de repoblamiento de la Argentina, a través de nuevas ciudades y pueblos jóvenes, comunidades rurales organizadas y cinturones hortícolas protegidos. Freno al extractivismo Urbano y a la especulación inmobiliaria en las grandes ciudades, cuya contracara es la emergencia habitacional y la insuficiencia de espacios verdes públicos.
– Reclamo Internacional de la Deuda Ecológica y Climática del Sur al Norte Global.

Por Violeta Moraga

Cooperativa de Comunicación Popular Al Margen

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