¿Quién produce nuestro alimento?

Los nodos de consumo fueron abriendo un camino nuevo en relación directa con pequeños y medianos productores. En ese andar la soberanía alimentaria, los modos de producción, el trabajo en el territorio, las redes que se tejen en la comunidad, emergen para dar forma a nuevos engranajes, que dejan de lado la despersonalización de las góndolas y permiten un ida y vuelta justo con quienes, en definitiva, hacen nuestro alimento.

El Tren Patagónico puede unir de forma inteligente el Valle Inferior con Bariloche para el desarrollo de la economía regional.

La llegada hace unos días de 22 mil kilos de verdura, producida por el Colectivo Agroecológico Valle Inferior del Río Negro y que fue gestionada por la Red de Alimentos Cooperativos Patagónicos en conjunto con el Mercado Comunitario Bariloche, dio cuenta de eso y del enorme trabajo que hoy confluye en esta exitosa gesta.  

La soberanía alimentaria es una de las palabras que sintetizan bastante lo que nos nuclea, porque en realidad son diversas las acciones y las tareas que cada cual venía realizando, ya sea dentro de alguna institución del Estado, universidad, organización política o popular”, dice Josefina Gorriti Sabbatella, del Colectivo Agroecológico Valle Inferior del Río Negro, sobre este espacio que hoy nuclea diversas experiencias y que, cuenta, arranca con una base fuerte de las comunidades de consumo.

“Hace cuatro años un grupo de mujeres nos empezamos a organizar para comprar cosas como yerba, harinas de distinto tipo, y otros elementos, con una lógica de no vamos a ir mas al supermercado -ya atravesamos esa discusión política- pero qué hacemos ahora para proveernos de alimentos y otros productos. Así empezamos a organizar compras, conseguir precios, arreglar directamente con los proveedores, productores y productoras y organizar eso a través de diferentes envíos”, recuerda.

Más tarde, comenzó el vínculo a través de distintos compañeros y compañeras con los productores de hortalizas y comenzaron a abrirse perspectivas.  “Lo que hicimos fue encontrarnos en las chacras, directamente, productores locales con las familias organizadas y hacer una primera compra”.

Arrancaba así un camino que no paró de crecer con consumidores interesados en ese tipo de producción y quienes empezaban a apostar a generarla y salir de la lógica tradicional del compra venta.  “Muchas familias trabajan en la agricultura familiar para un Estado que define precios, modos de producción y muchas otras cosas”, dice Josefina y recuerda que otro punto potente que emergió tiene que ver con el uso de agrotóxicos en las chacras. “Sobre todo las mujeres son grandes impulsoras en las chacras de generar otras formas de producir. Hablamos siempre de transición agroecológica porque entendemos que, si bien son saberes que ya se traen ancestralmente, el mercado, la situación, hace que se tenga que trabajar también para producciones convencionales. Pero la transición propone comenzar a hacerlo de otra manera y eso nos lleva a realizar diversas actividades desde el Colectivo junto a otras instituciones de la ciudad y ahora con otras comunidades de consumo como es la Cordillera, una utopía que es una realidad”.

La organización en nodos de consumo consciente otra clave para la gesta de la operatoria.

Territorios articulados

Los aprendizajes del andar van también marcando un camino, una huella, un vislumbrar otras posibilidades. Tenemos un valle productivo, fértil, hay infraestructura de riego y un montón de familias que producen alimento y de distintas maneras, entonces, de pronto entendemos que es indispensable que lo agroecológico se trabaje en el territorio, pero también nos encontramos con que no hay suficientes consumidores conscientes, por decirlo de alguna manera. Todavía hay muchos que trabajar en este territorio”.

El cambio de matriz del otro lado del mostrador también es un punto muchas veces invisibilizado. Lo cierto es para que el engranaje funcione, son necesarias todas las patas. Al mismo tiempo, algo que ocurre en la actualidad es que la producción en las chacras no alcanza a venderse, y la verdura se desvaloriza. “Ese es el mercado siendo, el funcionamiento más típico. Por eso, la agroecologia lo que propone es una estabilidad para los productores: se pueden asegurar ciertos consumidores que tienen ganas y van por la agroecologia”.

En este sentido, la apuesta de la Red de Alimentos Patagónicos articulando organización a lo largo la Cordillera, la Línea Sur y Alto Valle es un empuje que entreteje territorios y organizaciones. La última acción, mediante la cual llegaron 22 mil kilos de alimentos a Bariloche, Jacobacci y Villa la Angostura fue una clara muestra de lo posible.

“Fue muy importante esta venta, realmente, nos superamos cada temporada, y vamos mejorando la propuesta con alternativas para las familias productoras. Ha sido un gran trabajo de equipo, para mí inaudito, que trasciende el territorio con la agroecologia. Es de admirar, porque lo que manifiesta primero que nada es el trabajo anterior, la historia de cada territorio en materia de organización y consumo hacia una mejor calidad vida que hace que, probablemente, después de la pandemia, haya brotado la organización como necesidad. Acá lo pudimos entender, porque fue tan fluido, tan ágil todo, que realmente es para aplaudirnos en cada uno de los territorios”.

La organización sigue hacia adelante, más que nunca. De cara al invierno, cuando baja la temporada productiva, el diagrama debe seguir pensándose y repensándose.  ¿Qué vamos a comer en el inverno? “Tenemos la posibilidad de pensar juntos un territorio más amplio, donde podamos ver qué se puede producir en cada época del año. Podemos llevar verduras gracias al tren. Ahora ¿cómo nos organizamos para eso? Porque en la agroecologia los frutos de la tierra no se sacan de un mes para el otro, se trabaja todo el año para que en esta época podamos disfrutar de esa abundancia. Entonces, nos queda pensar cómo nos organizamos para la próxima época de siembra, qué semillas se echan a la tierra”.

Las líneas de trabajo que surgen y las posibilidades son varias. En un punto, todo está para repensarse. “Hay algo real de la soberanía alimentaria en la cual confío y creo y es que cada uno de los territorios tiene que trabajar y profundizar el autoabastecimiento, porque de eso trata la soberanía alimentara. Está muy bueno que vayamos para allá, porque acá tenemos ciertas potencias productivas y organizativas, pero podemos hablar de intercambio justos para poder vivir de una manera más armoniosa con lo que nos rodea, entre nosotros, con los animales”.

-También es un punto importante generar acceso a este tipo de alimentos, que no siempre llega a las familias.

-Si te pones a ver es un trabajo de vínculos, de encontrarnos, sabernos en el territorio, entender que la necesidad de alimentos está en un montón de lugares. En las chacras las papas estaban por pudrirse. Cómo puede ser que haya alimentos en la tierra que otra gente necesita. Entonces, cómo hacemos para organizarnos como gran comunidad para que llegue el alimento de calidad y saludable, entendido desde una forma diversa, alternativa a lo que nos brinda un supermercado. Es conocer a quien estuvo cultivando esa planta, cuidándola para esa gran comunidad. Tenemos que vincularnos con quien hace el alimento.

-Los cambios en los modos de producción cambian también la forma de ver y habitar el territorio.

-Definitivamente. Si hay alguien en una cocina que está cocinando la verdura que le llegó en el tren, que tenga la certeza que atrás de ese alimento hay muchísimo trabajo puesto desde muchísimos lugares, y mucho amor, es el vínculo con todo lo que la tierra nos da. La agroecologia tiene mucho que ver con la diversidad y la observación de cómo un ecosistema se auto regula, y para eso tenemos que observar.

-Hay una articulación incluso a la hora de hacer llegar la comida, bajarla del tren, organizar eso, algo que se aleja de la despersonalización de la góndola.

-Sí, se vivió con mucha alegría y tuvimos la oportunidad de compartir porque viajamos con consumidores, productores, jóvenes que están trabajando con su familia en las chacras. Esta manera de comercializar, con tanta alegría, hace que ellos puedan dimensionar el valor que se le da al trabajo que hacen. En todo lo que hacemos hay algo de querer dar valor al alimento. Por qué le llamamos alimento es una buena pregunta para hacerse.

Por Violeta Moraga

Fotos: Gentileza Red de Alimentos Cooperativos Patagónicos

Cooperativa de Comunicación Popular Al Margen

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