Carta a Walsh y a Lilia

«Hoy, 9 de enero, una vez más para quienes lo queremos, nace Rodolfo Walsh. Hoy, nueve del 1, como cada día de mi vida, miro una foto que elegí traer de ciudades y aventuras anteriores…»

Bariloche, 9/1/2021

Querides: (A Rodolfo, a Lilia y a Ustedes):

                                                                    Hace más de ocho años que resido en este lugar del mundo. Tengo la suerte de hacerlo por elección.

                                                                    Vengo de allí: del centro neurálgico de todas las urbes, de la urbe misma. Porteñe recontra Porteñe: Bailarín de blusardos y rocanroles, aunque con los años, adentrándome en el tango, así como en los folclores.

                                                                    Lo sabe quien optó por ella, que “LA MUDANZA”, a pesar de ser querida, es algo así como un hachazo, una despedida a lo que queda afuera (o lejos) del camión. el auto, o la mochila.

                                                                    Lo que viaja sigue con uno: lo elegido carga con el derecho de admisión a la nueva etapa.

                                                                    La vida, esa brújula incandescente que nos recuerda que estamos en movimiento, plantea en un momento definitorio el “qué llevar”…. “qué dejar”…. Porque de manera inevitable se acerca el día de la partida. Y ahí sí. Hay determinados objetos en los que el poder del papel es intransmisible. No hay digital que valga.                                                                 

Lilia Ferreyra fue, es y será, una de las compañeras de Rodolfo Walsh.

                                                                 Antes de largarme a escribir esta carta, ya tenía unos cuantos años y tuve algunas suertes. Una de ellas fue laburar en una Escuela de Periodismo: Ser parte de un Taller de Televisión que volaba, y seguramente por ello, generaba alas.

                                                                  Por aquel entonces yo era camarógrafo. Disfrutaba con interpretar historias a través de los planos que definía el lente y la narrativa que con él brotaba. Con mi laburo me soñaba realizador de las historias que les alumnes deseaban o poseían, construían y maceraban.

                                                                 Ocurrió que un día, una tarde, me convocaron a la redacción de Página 12 ubicada en la Avenida Belgrano a grabar (vengo de la época del VHS, por eso escribo grabar) a Lilia Ferreyra, quien fue, es y será una de las compañeras de Rodolfo Walsh. No recuerdo las palabras precisas, pero sé que su testimonio transporta a mil paisajes.

                                                                  … ¿Qué kilómetros y kilómetros de entonces enlazan con este presente? Hoy, 9 de enero, una vez más para quienes lo queremos, nace Rodolfo Walsh.

                                                                  Hoy, nueve del 1, como cada día de mi vida, miro una foto que elegí traer de ciudades y aventuras anteriores. Desde entonces, y a pesar de las tantas mudanzas que ya llevo en la Patagonia, me siento en casa al ubicarla en un lugar preciado de cada nueva vivienda.

                                                                   Hoy, en este 2021, ellos, como tantas veces, son una pareja por siempre juntos. Una vez más me interpelan, ahora desde la parte de la heladera que queda a la altura de mis ojos, como antes fueron acompañantes de habitación o habitantes del marco superior de la puerta de salida.  Siempre los ubico en lugares que me remiten a la acción…

…Vuelvo a la foto:

                                                                    Ambos están sentados en la misma reposera. No conozco Cuba, por eso los ubico en la Rambla de Mar del Plata. Para mí es ahí. Rodolfo está veraniego, con camisa de mangas cortas y sin anteojos, o, mejor dicho, con los anteojos en las manos.

                                                                     Es raro verlo así… sin lentes, como tomando distancia de los textos, de la militancia, del destino de próceres queridos que a ambos les asignamos en este oficio. Lejos de los libros y las investigaciones periodísticas, de las cartas póstumas y las decodificaciones ejemplares. Cerca de la vida, no de aquella que lo magnificó en la tinta y el tipeo, se lo ve disfrutando un verano con “esta mujer”. “Esa”, la del texto, es un cuento perfecto. Lilia es la tangible, la de la playa y las charlas compartidas, la que quedó en mi retrato eterno: con el pucho siempre encendido en una de sus manos, ese mismo que cuando un colega suyo del matutino escribió su necrológica afirmó que en su escritorio de trabajo era en el único de la redacción en el que por entonces se seguía fumando.

                                                                     En la foto Rodolfo mira a cámara y Lilia mira hacia la izquierda, ella vestida de malla y ambos de lienzos pata de elefante y zapatillas Pampero.

                                                                     En la foto, plano entero de una pareja en blanco y negro, distendida y feliz.

                                                                     En el instante de un disparo, vaya a saber uno cuanto sonarían entonces las olas y vientos de aquel mar, el que, a pesar de la ausencia, está presente en la felicidad que refleja el momento eternizado.

                                                                                                    Los besa y abraza, Púrpura Profundo.

PD: Cada día que los miro, pienso en la dignidad de este oficio

Cooperativa de Comunicación Popular Al Margen