Una forma de habitar el mundo

Santiago Rey, Lucas Zeni, Roxana Arazi y Adrián Moyano andan y desandan caminos, trayectos y experiencias en el marco del día del periodista. Una excusa que aprovechamos para echar una mirada sobre un amplio hacer.

Ser comunicador social, trabajador de prensa, periodista. Caminar una profesión, un oficio, un hacer. Es tan vasto el territorio que se abre en el ejercicio de la comunicación que pretender una mirada unívoca que pueda establecer los límites y los motes que le caben es imposible. Sin embargo, en muchos de los relatos de quienes se dedican a la tarea aparece la chispa indefinible que permite un hacer irrefrenable, empujado por algo parecido a la vocación. Una tarea dinámica que ha ido sufrido grandes mutaciones en los últimos años, que se ha reinventado, repensado, transformado. Ha buscado el origen también.    

En el medio, cada experiencia que hace al entramado va tejiendo esto que hoy celebramos y que decidimos hilar en multiplicidad de voces y ecos faltantes también. En este día del periodista, aprovechamos la excusa para compartir recorridos, caminos andados y desandados, perspectivas, ideas sobre lo que es, sobre lo que debería ser, sobre lo que quisiéramos que sea.  Pasión y otros condimentos también.   

“Desde muy joven tuve claro que quería ser periodista y cuando de adolecente empecé con algunas experiencias militantes vi en el periodismo una especie de continuidad, relacionándolo con la búsqueda de la verdad como meta, y con la verdad como hecho desafiante de los poderes. Veía con bastante claridad esto de que buscar la verdad era interpelar al poder”, desanda Santiago Rey, periodista, escritor y presidente de la Fundación de Periodismo Patagónico. “Esto me pasó en la segunda mitad de los 80’ con toda la reverberancia del regreso a la democracia, de la militancia pos dictadura. Todo ese combo hizo que empezara con este ejercicio hace muchos años y después de tanto tiempo, si bien hay alguna cotidianidad en el ejercicio periodístico que se modifica, siento que la idea original es la misma: cuando esta última semana estuvimos escribiendo sobre la posible trata de esclavos por parte de los dueños de la empresa Vía Bariloche, sentía el mismo cosquilleo en la panza que cuando hacía las primeras notas, eso no cambió. Me gusta decir algo -que no me acuerdo a quién se lo leí- que es que el poder no sabe de lo que es capaz un periodista convencido, lo persistente: llega a desconocer sus propios límites, su seguridad personal, económica. Te enterás de una historia, indagás, te das cuenta que es real, que está oculta, que involucra a víctimas que a lo mejor encuentran en la nota una posibilidad de respuesta que no encuentra en otros lados y ahí te metiste”. 

Santiago Rey además de dirigir «En Estos Días» escribe para Pag/12 y revsita Anfibia, entre otros.

-Junto con los propios cambios en el trayecto, en sí las formas de ejercer el periodismo y el mismo espacio ha ido cambiando, cómo lo vivís.

-Estamos en un momento de recambios de audiencias muy fuerte. Esto también tiene que ver con cómo se han modificado la forma de trasmisión de noticias a partir de las nuevas tecnologías y cómo hacer para llegar a esas audiencias. Creo que es un momento de desacralización de algunas cuestiones del periodismo. Todo lo que dije antes no implica contribuir a erigir al periodista como un héroe, esa figura que se construyó mucho en la segunda mitad del siglo pasado y que tuvo que ver con algunos periodistas que hicieron una tarea de la cual nos alejamos. Me parece que es un momento de nuevas empatías. Estamos cruzados por nuevos fenómenos que han modificado todo: desde el feminismo hasta la mirada nueva sobre la ecología. Inevitablemente también como periodistas tenemos que hacer un proceso de deconstrucción, de volver a encontrar un lugar. Me da la sensación de que a pesar de que seguimos haciendo estas investigaciones y que esto no hay que dejarlo -y que el poder sigue siendo el poder y que la prensa tiene que cumplir el rol que tiene que cumplir- hay que dejarse interpelar y recostarse sobre el lugar ese mas humanista, mas empático, más sensual. Pienso en un periodismo no tan acartonado en algunos sentidos.

-Se da a la vez una convivencia, de formatos, estilos…

– Sí, creo que es un momento de convivencias y que la convivencia no tiene porqué anular. Sigo creyendo en los textos de largo aliento que atrapan, que convocan, que interpela, emocionan, informan. Dice Martín Caparrós que hay una tendencia a hacernos creer que los lectores ya no leen, y que eso es mentira: hay lectores, lo que tiene que haber son textos logrados. Después está todo esto que se está proponiendo a partir de las nuevas tecnologías. Hoy una historia de Instagram puede tener más audiencia que un texto de largo aliento. Pero, hay que preguntarse qué buscamos de las audiencias, si la masividad, si interpelar desde la profundidad. No tenemos porque desdeñar las nuevas herramientas ni porqué matar a nuestros padres del periodismo (se ríe).

– ¿Cómo vivís este momento que atravesamos de cuarentena?

-Ojalá que esta situación no sea justificativo para achicar espacios de trabajo, ni reducir derechos, ni empeorar las condiciones laborales para nadie y que este tiempo sirva para pensar nuevos proyectos, abrir espacios, mejorar. Que no nos meta para adentro en el sentido de un ostracismo improductivo, sino que sea momento para que salgamos con más ganas a hacer nuestro trabajo de la mejor manera posible.

-El armado de la Fundación de Periodismo Patagónico, que se propone generar espacios para la formación, capacitación, concursos, becas, e intercambio de saberes y experiencias permite pensar también hacia adelante en nuevas perspectivas.  

-Creo mucho en los vínculos que se pueden armar, nos preguntamos si existe un periodismo patagónico. Si existe, ¿qué lo define, hay características comunes entre alguien que hace periodismo en Tierra del Fuego y alguien en el norte de Neuquén? En lo que creo es en el buen periodismo, y creo que en la Patagonia se hace buen periodismo. La idea de la fundación era capacitarnos, juntarnos, proyectar. En este año tan particular se nos aplazo un poco.

Lucas Zeni hace «Ideas Circulares» en la 2° mañana de FM Bariloche.

En el aire

En el 2018 «Ideas circulares» desembarcó en Fm Bariloche de la mano de Lucas Zeni. “No son tiempos para quedarse callados y este programa es una forma de comprometerme con lo que pasa”, decía en aquel entonces quien fuera productor de Juan Alberto Badía y también partícipe de KM FM, entre otros vastos andares. “Vivo este hacer con mucho placer, con mucha pasión. Pero no me identifico como periodista, no me siento cómodo en ese lugar”, arranca.

-Es un buen punto. Cómo te identificas.

-Me siento un comunicador. No pertenecer a veces tiene sus ventajas (se ríe). Estudié comunicación social, que es algo tan amplio… después filosofía, con la mente o el deseo de poder desarrollarme en otros aspectos. A la vez, desde los 18 años que estoy en esto de la radio, teniendo la posibilidad de aprender de muchos maestros, como Juan.  Y lo vivo así, como un oficio más que como una profesión. Para mi ser periodista es tener una actitud por sobre todas las cosas, de respeto absoluto por la información, por los hechos, por los protagonistas. Debería tener esa responsabilidad en el manejo de la información, en el escuchar, en el investigar, conocer, informar, saber, contar, desde ese lugar de la responsabilidad y desde el conocimiento, cosa que hoy veo en pocos lugares. Entonces, me despego porque la verdad no me siento identificado y me gusta no pertenecer a todo eso que pienso que debería ser y no veo que sea.

Siento que pertenezco a otra cara del periodismo si se quiere, viéndolo más desde el lugar de comunicador. Y esa idea me hace pensar y  tener una reacción distinta con el otro, no como alguien que mira desde arriba y desde un lugar de poder, sino desde un lugar hasta más humano, porque uno tiene que ser consciente de lo que está haciendo y de las consecuencias que puede tener con lo que dice, y a veces me da la sensación de que no importa nada, entonces a esta altura me pregunto si podemos seguir hablando de periodismo.

-A la vez todavía son muchos los que conciben la posibilidad de poder aportar desde la comunicación a un mundo mejor.

Entiendo a la comunicación como un derecho y común alimento, porqué no.  Veo un periodismo comercial, industrial, que te envenena, que te engorda, que te enferma, que te tira basura, pero también hay otro: sin caer en un romanticismo hay un periodismo más artesanal que se dedica a brindar otros mensajes y seria un poco más sano.

-El periodismo también como un servicio…

-Me preguntabas cómo lo vivía en este contexto, y lo veo así, lo veo como un servicio, y me pasa algo loco que se mezcla en este junio con la explosión del volcán. Siempre laburé como productor, para Juan o para otros personajes. Hice mis programas, pero cuando estaba cubriendo lo que estaba pasando ese 4 de junio hace 9 años atrás, donde había tanta confusión, donde no entendía lo que estaba pasando yo tampoco, pero sentía que valía la pena lo que estaba haciendo, porque del otro lado había gente que más allá de todo se sentía contenida. En ese momento fue como una luz, sentí que estaba buenísimo, porque siempre había un gusto personal o era el trabajar para otro, pero en ese momento sentí que había alguien que de verdad necesitaba lo que se estaba haciendo.

-Algo similar a lo que pasa en este contexto.

-En esta pandemia pasó algo parecido: la gente llamaba con una confusión enorme, muchas veces simplemente para expresarse y para sentirse acompañada, para sentir que no estaba sola, más allá de las consultas puntuales por las que llaman. En tiempos de infodemia, de Faking News, de trolls, la gente encuentra esa cuestión de acompañamiento humano por sobre todas las cosas. Eso destaco.

-Pensaba en eso, en este gran espacio, cada uno decide roles diferentes.

Los medios también se convirtieron en grandes difusores de miedo, queriéndolo o no: hay una gran maquinaria armada, predispuesta a esto de modo articulado y otros desde una periferia que replican esto y queriéndolo o no se transforman en grandes difusores de miedo. Dejan de ser medios de comunicación para transformarse en miedos de confusión.

-Cómo es el presente que estás viviendo.

-Más allá de todo esto que hablamos, y de esa mirada crítica que no puedo evitar, este es para mí el oficio más lindo del mundo. Me enriquece cotidianamente, me exige aprender todo el tiempo, estar atento, mirar al otro, escucharlo. No concibo mi vida sin esto, a nivel personal lo vivo así: es una forma de estar en el mundo y en la forma en la que me gusta estar.

Es también ejercer mi programa de radio, o lo que haga, absolutamente independiente y teniendo la libertad que me permite eso: estar leyendo y buscando lo que a mí se me ocurra o sienta y no lo que me exija un medio. Eso que para mí es vital. Es un estilo carenciado de billetes pero no de sensaciones, como cantan Los Tipitos. Pero lo cierto es que hay siempre un desafío y mas allá de las corrientes que te llevan uno también puede, desde cierta independencia y de cierta pretensión hasta estética, proponer cosas que puedan tener su lugar.

Roxana Arazi , ejerce peridiosmo comprometido e independiente con «Café a la Turca»

Abrirse camino al andar

Desde que tengo uso de razón que quería ser periodista, tengo una de mis primeras fotos con un diario en la mano, y parece que me hubiera marcado el destino”, cuenta Roxana Arazi, productora y conductora del programa «Café a la Turca» por FM Horizonte Bariloche. “Hice la primaria, la secundaria y dije: quiero ser periodista. Así y todo mi viejo me obligó a hacer un test vocacional porque en aquellos años ser periodista para una sociedad patriarcal -además vengo de una familia árabe muy conservadora- era terrible.  Me atreví a desafiar eso y me fui a anotar al Círculo de Periodistas”, recuerda.

Y así empezó a andar un camino que no se detiene hasta estos días y que sería difícil resumir en pocas líneas, pero que incluye un arranque temprano en el programa «Sin Anestesia» que se emitía por radio Belgrano, con Eduardo Aliverti y un Jorge Lanata progre de los 80’ y más tarde el paso por El Porteño, la primera cooperativa periodística del país. “Aprendí mucho, fue una experiencia muy enriquecedora la de Radio Belgrano, me tocó ser corresponsal en distintas villas del conurbado y ahí me marcó para dónde iba el periodismo que quería hacer”.

En el 87 Arazi llegaba a Bariloche –en un día de nieve- donde comenzaría un nuevo abrirse caminos. Radio Nacional, Gente de Radio, FM Limay, el Río Negro, el informativo de Canal 6, largos años en FM Bariloche, otros en FM Horizonte y seguro se nos escapan andares en más de 30 años de trayectoria.  Debió escuchar cosas como “usted tiene que tener muy en claro que acá no trabajan mujeres”, y pasó por experiencias importantes en prensa y protocolo, en el Concejo Deliberante y la Municipalidad, entre otros. En la actualidad, también responsable de la comunicación del Complejo Turístico Teleférico Cerro Otto.

“Finalmente empecé a buscar mi vida como trabajadora de prensa independiente, cosa que me da una gran libertad de trabajo en lo ideológico y periodístico. Los auspiciantes que me han sostenido nunca me pidieron nada a cambio”, dice la conductora de Café a la Turca.

-En tu larga trayectoria se pueden ver varias de las aristas que enfrentan muchos de los trabajadores y trabajadoras de prensa: ese arduo remar, sostenido por una pasión grande por lo que se hace, y atravesándolo todo.  

-Más allá de haber estudiado o de haber pasado por alguna escuela de periodismo, si no sentís esa pasión que te desvela, que escribís hasta las 4 de la mañana porque tenés que entregar el material y le pones lo mejor de vos, es un trabajo común y corriente. Y para mí no lo es. He trabajado en muchas otras cosas, pero ahí no tenía esa chispa, me cuesta hasta anímicamente. En cambio laburar de periodista me puede tener en una maratón radial de una semana que no me va vas a ver cansada.

-Es un oficio, como te gusta llamarlo, con el que tampoco es fácil sostenerse económicamente.  

– Es un lugar donde hacen plata muy pocos. Para mí hay un tema que tiene que ser de debate nacional que es la distribución de las pautas, no puede ser que entre los grandes medios y conocidos manejen todo el mensaje, aún incluyendo algún medio opositor. No te pueden decir “a vos no” porque pensás distinto a mí, y lo digo no como periodista sino como medio, que son los que más la padecen: cobran 2 mil pesos de pauta cuando otros se llevan dos millones.

– Han pasado muchas cosas en estos tiempos: ha cambiado la forma de comunicar y el camino de deconstrucción en la cuestión de género también toca este espacio.

-Sí, también la padecí. Que te traten como a una pichi, no podía ni levantar la mano para opinar. En muchos espacios si bien había mujeres en el equipo, los roles protagónicos los tenían siempre los hombres. Cuando me planteé hacer mi propio programa de forma independiente, ahí empecé a buscarme en mi rol de periodista y decir lo que yo quería y poner las reglas de juego. Que es lo que hago de ese momento a esta parte. Ahí se me facilitó, pero obviamente cuando tengo que hacer una nota fuerte y estoy con colegas varones las miradas o las respuestas, van para los colegas varones. Hay mucho para deconstruir, hay algo muy arraigado en políticos, funcionarios. Pero debo reconocer que hay colegas que hacen un laburo intenso para lograrlo.

-Como vivís esta cuarentena, siendo parte de lo que se considera  trabajo esencial. 

-A mí se me triplicó el trabajo, creo que es esencial si lo miramos como un laburo de responsabilidad, de chequear fuentes, de poder cotejar informaciones, de contar lo más cercano a la verdad, que no es lo que están haciendo muchos medios de comunicación. Hay que ser cuidadosos y responsables. Creo que estamos cumpliendo un rol fundamental, pero no todos los medios: hay quienes tienen la pauta y es evidente. Lo vemos con el tema Catedral, con las estadísticas, con la cuestión sanitaria. Pero veo que la gente cuando llega a los medios es porque ya recorrió todas las instancias necesarias y no le dieron bolilla. Esos requerimientos de la comunidad, en mi caso, se triplicaron.  Podemos visibilizar y ser nexo. Hacer escuchar. Esa tarea es fundamental, sobre todo en tiempos de encierro, donde los padecimientos son muchos.

– ¿Qué ves cuando miras para atrás?

-El camino que hice lo hice con mucho esfuerzo, me costó, lloré, pero me abrí camino como pude y hoy estoy en un lugar donde saben quién soy, tengo una línea editorial que mantuve y no la negocio por nada.

Adrián Moyano mecha el trabajo en la prensa comercial, con el oficio de escritor.

Huellas de un hacer

Con una larga trayectoria en su caminar, Adrian Moyano, escritor y trabajador de prensa -como se siente- también analiza el rol que ejercen los comunicadores en este tiempo: “Buena parte de nosotros trabajamos para empresas que son comerciales y que fijan sus líneas editoriales respecto de los acuerdos comerciales o políticos que tengan. Tengo la suerte de haber trabajado para medios alternativos de líneas editoriales independientes y también en empresas donde nos desenvolvemos dentro de la línea editorial que marca la empresa en cuestión”, repasa y va al punto que convoca: “En cuanto al 7 de junio en sí mismo, últimamente estoy más cómodo el 25 de marzo cuando se celebra el día del trabajador de prensa en homenaje a Rodolfo Walsh. Porque si bien la tradición apunta al 7 de junio por aquello de la Gaceta de Buenos Aires y Mariano Moreno y demás, no hay que perder de vista que fue un medio gubernamental de la junta de las provincias unidas del Río de la Plata y que, insisto, nosotros mas allá de la terminología periodistas o comunicadores, somos trabajadores de prensa.

– Pensando la comunicación un derecho y el rol que están cumpliendo en este tiempo los trabajadores de prensa. ¿Cómo lo transitas vos?

-Lo vivo como en una doble o triple dimensión. A partir de las limitaciones que comentaba, en lo que a mí respecta hace tiempo que necesito expresar cosas que no puedo hacer con libertad editorial en la empresa donde trabajo, entonces busco otros canales de expresión que no necesariamente son remunerados. Así como expreso cierta distancia con las redes sociales, admito que es un buen lugar para expresar opiniones, conclusiones o abordar otras temáticas que por la especialidad que uno desarrolla en la empresa en la que trabaja está vedado. En ese sentido hace 25 años más o menos que trabajo muy de cerca las alternativas que tengan que ver con el pueblo mapuche y encuentro en las redes sociales en los últimos tiempos, además de en algunas columnas periodísticas, la chance de expresar pensamientos y convicciones a través de la vía que más me gusta que es el periodismo escrito, si bien dos páginas importantes en mi vida periodística transcurrieron en radio: FM mascaró y El Arka.

-Igual hoy es posible armar un hibrido…

-Sí, hace poco empecé un programa video radial y ya llevo 10 capítulos en un formato insólito por Facebook –denominado Sin Barbijo- y me sorprendió mucho su repercusión, uno lo pensaba casi para expresar algunos pensamientos y se empezó a retransmitir en algunas radios de la región y en Wall Kintun Tv.

 – ¿Cómo ves la situación actual del sector?

-Apropósito de la fecha que nos convoca me veo en la obligación de poner en relieve que en los cuatro años del gobierno anterior se destruyeron miles de puestos de trabajo en la actividad periodística y no se alcanzaron a recuperar por esta situación, y en estos dos meses hasta las grandes corporaciones están pagando en diferido, o fuera de termino, desdoblado los salarios. Eso es transversal a las grandes empresas y a las empresas que tienen un discurso crítico a esas corporaciones. Los trabajadores de prensa están pasando hace 4 o 5 años un mal momento profundizado por esta pandemia.

– Hay además una precarización de larga data.

– Sí, y Bariloche en ese sentido supera la media. Yo tengo la suerte de estar trabajando formalmente hace muchos años, pero sabemos los que estamos empleados que somos una suerte de excepción. La situación de inestabilidad laboral en Bariloche que es muy grande. No percibimos plus por zona fría ni otras cuestiones que otros gremios han logrado, estamos varios escalones abajo en ese sentido. 

– ¿Qué reflexión te deja este oficio?

-Cuando llegué a Bariloche era un pibe joven que solo se había asomado a algunas expresiones literarias y básicamente al rock. Trabajar como cronista de espectáculos significa tener que trabajar de todo, no sólo de lo que te gusta, tenés que saber de folklore, de cine, de teatro. Y yo estoy sumamente agradecido en ese sentido, porque el ejercicio del periodismo en Bariloche como cronista de de arte y cultura me abrió un horizonte que difícilmente se me hubiera abierto si me hubiera quedado encasillado en el bagaje cultural que traía previamente.  Me ha enriquecido y me enriquece cada día. Me siento un privilegiado, porque como decía un compañero de FM Mascaró: esta profesión me permite completar mi formación. Formación que no termina nunca. En otro andarivel fue a través del periodismo que me acerque a las demandas del pueblo mapuche cuya manera de entender la vida finalmente terminó siendo opción para mi propia vida, así que fijate si le debo cosas al periodismo.

Las voces se multiplican en este océano que es el ejercicio periodístico. Desde Al Margen celebramos la comunicación como un derecho esencial y con el impulso de este día que nos convocó a pensar y repensar, saludamos a todos aquellos y aquellas trabajadoras y trabajadores de prensa que con su hacer mantienen la convicción de aportar a la construcción de un mundo mejor.   

Por Violeta Moraga

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen