Sara Itkin: “Hay una necesidad urgente de conectar con la tierra”

Médica naturista, referente del estudio y uso de las plantas en la región, Sara Itkin nos recuerda la importancia de volcarnos hacia la naturaleza y sanar con lo simple.

“Hay una necesidad urgente de volver a las raíces, a sanar con lo simple, a conectar con la tierra, defender el agua, el aire puro, las plantas, las semillas libres”, dice Sara Itkin. Es domingo, las lavandas se mueven bajo la luz del mediodía. Por la ventana los verdes se multiplican y el jardín es un paseo onírico donde crece el llantén, el maqui, la paramela; donde se despereza el calafate, la melisa, las caléndulas, el chilco; donde asoman el romero, el pañil, el sauco… es la propuesta hecha práctica. Y aunque seguro muchas veces le han preguntado, Sara habla con el entusiasmo primero, desanda caminos para recordar inicios, cuenta los recorridos, con sus subidas y sus bajadas, porque sabe que todo eso aterriza como una ola en esta orilla.  

Desde sus comienzos en la medicina tradicional, larga carrera que transitó en Rosario para continuar luego con experiencias en lugares como Las Lajas en Neuquén o Villa Traful, hasta los despertares a la sabiduría más ancestral que la impulsaron a volcarse en la medicina naturista, descubriendo las plantas como aliadas y cultivando una larga trayectoria en Bariloche, lugar donde reside y ejerce.  

“En el primer año elegí medicina general, una medicina comunitaria, basada en la atención primaria, eso tuvo mucho que ver con lo que soy ahora y cuando empezamos a hacer las experiencias en los centros de salud la gente me contaba que se sanaba con plantas”, recuerda. Más tarde vendría el viaje a la zona centro y sur de Neuquén y el trabajo con poblaciones mapuches y campesinas. “Eso también me fue marcando y cuando terminé mi residencia me ofrecieron trabajo en Las Lajas, donde empezamos a hacer una labor comunitaria de valorar a la mujer en sus saberes en relación al embarazo y al parir”. Hubo luego un regreso a Rosario y experiencias en nuevos espacios. “Fueron lugares a los que concurrían naturalmente mujeres. Hay ahí algo ancestral, esta fibra que a veces decimos: seguimos siendo las nietas de las brujas que no pudieron quemar”.

En el medio las contradicciones con el sistema de salud fueron aumentando y tras un tiempo de alejamiento Sara volvió a Neuquén decidida a incorporar las plantas y la alimentación en su hacer. “De parte de la población recibí una apertura inmensa”, dice. Más tarde pasó a ser la primera médica de Villa Traful, donde empezaron las reuniones de mujeres generalmente invisibilizadas, un movimiento que fue creciendo y que a la distancia, admite, fue “revolucionario”. Vendría luego la decisión de ser madre y al regreso de la licencia la imposición ensañada por cuestiones políticas de un traslado a Las Lajas: “Fue el click definitivo y ahí decidí venir a Bariloche y renunciar al sistema de salud para ejercer el naturismo”, repasa. Y es este, apenas, un breve resumen por los intersticios del camino de aprendizaje que va forjando un andar.

Volver a la fuente

“El sistema de salud fue haciendo un camino tan inverso a la salud que ahora es un sistema basado en la enfermedad. Conviene sostener el poder médico, con las industrias del poder médico, las multinacionales farmacéuticas”, analiza y reafirma: “Tenemos que volver a la fuente, a insistir desde la prevención. Sabemos que los agrotóxicos causan cáncer y enfermedades del sistema inmunitario, hay que poner un freno a eso. Hay que dejar de creer que el calcio viene a través de la leche llena de hormonas. Dejemos de insistir en que la leche es necesaria. Tienen que empezar a caerse esos paradigmas tan antiguos”.

“Que tu alimento sea tu medicina” toma más relevancia que nunca.

-Lo dijo Hipócrates, el padre de la medicina occidental por el que hacemos el juramento 400 años antes de la era cristiana. Hoy en día es fundamental. Se vive más pero no se vive mejor, tenemos una dependencia al sistema farmacéutico impresionante. Entonces, muchas veces me cuestiono, veo personas luchando contra el sistema capitalista pero todos los días se toman la pastilla para la presión, la pastilla para dormir, la pastilla para la depresión. Todo eso lo podemos sacar. Sin embargo hay un mandato médico: me tomás la pastilla de por vida, y no tomes ningún yuyo, descalificando a las plantas cuando están todas estudiadas. A mí me encantaría tener ese saber alquímico de nuestras antecesoras las brujas, no lo tengo, lo mío es todo estudio. Puedo haber desarrollado una percepción por mi experiencia que me avala, pero esa experiencia tiene un fundamento de estudio.

Sara recuerda que todas las plantas que fueron estudiadas, lo fueron gracias a esas personas que indicaban, que compartían el saber. “Vivimos en un territorio donde esas personas como eran las machis, fueron perseguidas, hubo un genocidio. Por eso celebro que los pueblos que siempre vivieron en la región empiecen a visibilizarse nuevamente, que empiecen a resurgir las machis en la región, que puedan circular las plantas libremente, sin permisos, porque las plantas viven antes de los alambrados y de las divisiones políticas de provincias y países. El pueblo mapuche es preexístete a los estados argentino y chileno y se merecen el respeto de que circulen sus medicinas y sus sanadores libremente”.

Se viene dando una lucha importante también contra el patentamiento de las semillas .

-Debemos proteger las plantas nativas de la región como un legado cultural y seguir preservándolas, porque ahora la mirada está en las plantas: el poder hegemónico nos hizo descreer de las plantas y ahora quieren patentar los principios activos. Y la mejor manera de protegerlas es que circulen los saberes, que hagamos nuestro propio botiquín en el jardín. Tenemos que seguir defendiendo las semillas libres contra Monsanto y Bayer, la alianza más representativa de un poder dominante de la enfermedad. Quién nos va a querer sanar si no conviene: nos venden el agrotóxico, nos enfermamos, nos venden la pastilla para sanarnos y no nos vamos a sanar nunca. Una cosa es sanarse y vivir en salud, otra es vivir enfermos dependiendo de una medicación crónicamente. Y ahí las plantas nos van a sanar. Si elegimos las plantas, las plantas sanan. Desde la comida y desde su poder medicinal.

Arranca un nuevo Curso de Otoño de plantas para la salud, ¿cómo es la experiencia?

Estos encuentros nos empoderan, nos fortalecen, sanan desde un montón de lugares más allá de ingerir el principio activo de la planta. Cuando conocí a doña Griselda hace muchos años ella me contó que su abuelita nació gracias a la paramela, me bastó su experiencia y a lo largo de la historia puedo decir que esta planta ayudó a muchas mujeres a quedar embarazadas: hace poco una de las chicas de los cursos aprendió a hacer la tintura madre y como su hermana venía hace mucho buscando un embarazo se la mandó. Y ahora me dijo: gracias a la tintura que hice mi hermana está embarazada. Esa fuerza que da la planta, que da el empoderamiento, que yo pueda ayudar a sanar a alguien de mi familia, todo eso no le conviene a la hegemonía médica.

La huerta además de aportarme vitaminas, minerales y todo lo que queramos nos agrega ciertas sustancias o biosustancias que nos ayudan a sanar, así como el diente de león me va a dar vitamina del grupo b, hierro, proteínas, también me va a mejorar la función pancreática, disolver las piedritas del riñón, bajar la presión, el colesterol. Las plantas sanan por sumatoria de virtudes y a su vez estas virtudes son selectivas.

Años atrás la OMS llamó la atención sobre los altos niveles de resistencia a los antibióticos en todo el mundo. Primero pensé: ¿Tantos antibióticos se estuvo repartiendo? Y es que se le dan a los animales de crianza y eso lo comen las personas y por eso hay resistencia antibiótica. Pero muchas de las plantas son antibióticas y no generan resistencia: tienen la capacidad de seguir siendo antibióticas a pesar de los siglos. Y eso es maravilloso y no lo puede copiar la industria. Qué bueno que así sea.

Cuando vamos aprendiendo de las plantas las valoramos, las cuidamos y eso nos lleva a cuidar la alimentación, a cuidar el agua, el aire, a tomar una posición también en defender la vida siempre. Es sencillo estar en salud, o si tengo un problema volver a ese equilibrio a través de las plantas y de la alimentación. Hay que confiar y darse el tiempo de sanar. Nos olvidamos del tiempo, que también es importante en los procesos.

Hay que ir generando nuestros espacios saludables. Podemos ir transformando nuestros jardines es espacios de bienestar, dadores de salud, más allá del botiquín, más allá de que lo busque para sanarme, mirando la lavanda ya me sana, me alegra, me reconforta. Hay que insistir en recuperar la alegría, la salud, a través de estos espacios que podemos generar en cada casa, en cada escuela, en el hospital. Mientras más jardines saludables tengamos más salud vamos a ganar siempre y también va a ganar salud la tierra: no podemos pensar en nuestra salud individual si no pienso en la salud de la madre naturaleza, de la pacha mama, como queramos llamarla. Si tomo la pastillita para la presión sostengo la enfermedad siempre. Si veo qué planta me sana y hago el camino me lleva a todos estos aspectos maravillosos de cuidar la salud integral.

¿Tenés plantas preferidas?

-Me encanta la salvia: es una planta femenina, nos ayuda a regular los ciclos hormonales, a mejorar la digestión. Otra que difundo y quiero mucho es el diente de león, porque nos aporta tanta salud, crece por todos lados y nos sana todo: la flor, el tallo, la hoja, la raíz, es una planta más que generosa. Me encanta también el maqui, que es el fruto con mayor poder antioxidante que existe.

¿Si tuvieras que dar algún concejo en este transitar hacia lo más saludable?

-Relacionarse con el entorno, ver qué plantas tengo en mi casa, no buscar la figurita difícil que viene de Europa, dejar de leer tanto en internet y tener un contacto directo con la naturaleza, meterla la mano en la tierra y empezar a sanarse. La experiencia como generadora de conocimiento la voy a reivindicar siempre. Hay cuestiones en las que honro la medicina, pero es importante confiar en el poder sanador de las plantas y de cada persona. 

Por Violeta Moraga

Fotos: Gentileza Lino Itkin Placente

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

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