Hasta que sangren las manos II

Soportando el clima patagónico la cultura percutiva ha encontrado territorio fértil en Bariloche con variedad de géneros, estilos y objetivos. Segunda parte del informe de Al Margen.

Los grupos de tambores no paran de crecer en Bariloche.

Tamboras

La necesidad de expresión de los movimientos de empoderamiento de mujeres también encuentra fuerza en la percu. Surge la necesidad de generar encuentros y grupos de mujeres y conectarse a través de la tambora. No es algo novedoso, hace años existen en Argentina grupos de percusión integrados exclusivamente por mujeres, pero en el último año el movimiento en Bariloche ha tomado mucha más fuerza. En febrero, en el camping musical se hizo el retiro de tamboreras, en enero se había hecho el festival mujeres a la Patagonia y así el movimiento promete continuar “generando espacios donde nosotras nos sintamos cómodas de hacer”, dice Dani Meritens, percusionista de Panela.

Al respecto agrega: “No porque en lo personal haya vergüenza de hacer algo frente a un masculino, sino porque hay algo super interesante para nutrir que se genera en los grupos de mujeres. Hay una realidad que cuando las mujeres se juntan se genera algo muy interesante. Creo que en la naturaleza misma de creación de vida sucede algo muy zarpado que abarca un montón de manifestaciones y entre ellas la musicalidad y la sensibilidad, también poner las voces y cantar, tener otras expresiones. Entonces la idea es empoderarnos en ese lugar, en agarrar un tambor o en expresarnos artísticamente en lo que queramos. Estamos a salvo y eso dependerá de la confianza que tengamos en nosotras mismas. El encuentro es importante para saber que somos un montón y en el espejo vemos a la otra. Se dan círculos de diálogo y son intensísimos porque se despiertan cosas que van sucediendo mismo dentro de las comparsas, con las cuestiones de género que son súper sanadores”.

Respecto a ese dialogo, Daniela identifica otras sensaciones: “El tambor es como un ritual y estamos recordando. La que siente el llamado de este instrumento es porque en alguna vida estuvo ahí, conectada con eso. Para mí es un llamado ancestral. Los tambores se usaron para conectar con la naturaleza y eso se perdió y se tapó pero hoy los tambores vuelven”. Ese tambor es el instrumento que la subió al avión que hoy la lleva de gira por Europa.

Parches manchados con la sangre de la pasiòn candombera.

Resistencia africana

Hasta hace un siglo y medio atrás seguían llegando negros esclavizados desde África. No venían solos. Traían su cultura, que se transformó en su principal arma de resistencia. En la calle o a escondidas, los domingos, fueron formándose pedacitos de toques del tambor y de representaciones de las celebraciones a viejas deidades africanas: la Samba, la Rumba, el Candombe, la Cumbia, el Festejo. Ritmos que nacieron de calor y puerto se adaptaron al frío viento patagónico enarbolados en la resistencia.

“Hay una raíz y una fuerte resistencia ante un sistema que nos esclavizó y nos quiso deshumanizar y perder nuestra identidad. Pasó todo este tiempo y la cultura resistió. Hoy es más fácil y no tenés que escaparte con las cadenas por ahí o perder tu familia. Pero hay cadenas igual – advierte Luisito Santos- porque el sistema te pone cadenas desde lo laboral, para que estés corriendo la coneja, todo armado para que no alimentes la parte espiritual y no te encuentres con otros. Cuando comparto el candombe trato de manifestar esta parte espiritual y el sentir de la resistencia. Hoy el candombe se está tocando en todos lados. Entonces tenemos que pensar en lo que pasó, lo que se resistió para que el candombe llegue hasta hoy. No es una deuda pero si tenemos que defender esa historia y saber que cuando me cuelgo el tambor estoy representando esa lucha”, fundamenta Luisito, afrodescendiente y perteneciente a una reconocida familia candombera. Es un lujo que hoy colabore con Candompaico, en el relegado Alto barilochense, con el candombe como principal herramienta para la integración. Atenta, una compañera de su comparsa agrega, “creo que todos venimos de África y el candombe habla de la libertad. Nosotros queremos hacerle honor a esa gente, esas generaciones que han sufrido tanto, pero que le han dado tanta alegría a la humanidad”.

Al respecto Carlos Casalla no se queda atrás: “Todo viene de ahí. Como muchísima música viene del África. Si no hubiese sido así la música a nivel universal hubiera sido muy distinta. Creo que la negritud ha influenciado para bien toda la música, especialmente, del siglo XIX en adelante”. Por su parte, Fernando Emner, Director de El Chiflete, otra de las comparsas de candombe local, cree que “nos hermana el hecho de que somos pueblos subyugados. Que en Argentina esté creciendo tanto el ámbito de la percusión tiene que ver con que nos estamos dando cuenta que somos tercer mundo. Nos creímos durante mucho tiempo que éramos europeos y ahora nos pasa que nos damos cuenta que somos re negros. A veces en la escuela escucho que dicen – ‘¡Eh! Negro de mierda!’, – ¿Negro de mierda qué? Somos todos negros de mierda acá, no zafa ninguno. Yo soy re chileno, vos re mapuche… y bueno, en eso está en reconocernos como negros, como indios. Nos criamos acá, nos llenamos de tierra y somos eso”.

Mientras habla miro con atención sus manos callosas de tocar el tambor. Se las masajea mientras habla. A lo lejos se escucha a su hija que se va despertando de la siesta. Sin que le preguntemos cierra con una reflexión: “Siento que somos una generación de nuevos adultos, que no hemos soltado cosas que aprendimos en la adolescencia, valores que aprendemos en la calle y muchas cosas que nos parecieron importantes en un momento fundamental de nuestras vidas. Más allá de que tenemos que laburar, pagar impuestos, hay cuestiones que no vamos a soltar. Nosotros no vamos a dejar de tocar el tambor, por más que nos manden la policía, por más que los vecinos se quejen, que nos manden una carta documento. Si no, andá a mandar una carta documento a África a ver si dejan de tocar”.

Texto y fotos: Ramiro Sáenz

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen