Crónica y memoria del Cordobazo

Este miércoles 29 de mayo se cumplen 50 años del «Cordobazo». Crónica y memoria de uno de los hitos mas grandes de la clase obrera argentina que forjó un espíritu de lucha y unidad que llega hasta estos días.

Es temprano y recién amanece. Hoy es jueves 29 de mayo de 1969, y el pueblo lo sabe. El pueblo no es sólo Córdoba, en todo el país se corrió la bola y llegó lejos: hoy se pudre todo. Por un lado, el ministro Krieger Vasena suspende los convenios colectivos de trabajo y quiere congelar el aumento salarial por dos años con la excusa de unir el mercado interno argentino al modelo del “mundo liberal internacional”. Por otro lado, la CGT, aunque dividida, cuenta con el movimiento estudiantil unificado y un movimiento de mujeres sindicadas que no sólo luchan en las asambleas y hogares, sino que lo harán en la calle. ¿Excusas? Una sola: nadie va a robarse lo que el pueblo se ganó peleando. El aire cordobés tiene un perfume de lucha que quedará en la memoria para siempre: la unión entre el movimiento obrero y estudiantil que dará a luz las luchas sociales que sacudirán Argentina durante 50 años.

Las filas de manifestantes van a sus lugares de trabajo, como siempre, y las concentraciones empiezan en las fábricas del eje industrial de la ciudad. Se acuerdan las calles donde van a avanzar las filas, las consignas, los cantos de agite… se habla de miles, varios miles de obreros y obreras. En el Barrio Alberdi, el caldo de cultivo es alegre y combativo: cientos de pibas y pibes vienen armando y acumulando hondas, bulones, tornillos, rulemanes, bombas molotov y miguelitos en los techos de las pensiones estudiantiles. El sábado pasado tomaron el barrio entero y la tregua dejó los ánimos más que calientes. “NO PASARÁN” se lee en las esquinas del barrio estudiantil aledaño al Hospital de Clínicas. El 15 mataron a Juan José Cabral en la protesta de Corrientes y se armó la pueblada; al otro día, en Rosario mataron a Luis Norberto Blanco. Los curas villeros de Los Plátanos, Güemes y Villa Revol dicen que los pibes y las pibas tienen que tener mayor presencia en las decisiones políticas. Las puebladas y las revueltas se esparcen como reguero de pólvora, y pólvora va a faltar este jueves, porque el Cordobazo no tiene precedente en este país; sólo será comparable a la Semana Trágica.

En el barrio Bella Vista se armó un centro asistencial por si hay heridos, y se rumorea que en enero hubo una reunión del peronismo de tendencia revolucionaria, que muchas personas apoyan la lucha armada, y que hoy van a apoyar la marcha. No se sabe mucho a ciencia cierta; lo que sí se sabe es que la marcha es a las once de la mañana y va a durar 37 horas. Una mezcla de nervios, miedo y coraje se ceba entre mates, banderas y palabras de aliento. Es hora de salir a la calle.

Desde el sur, por la autopista Vélez Sársfield se ve una columna enorme, muy organizada y firme, donde se cuentan de tres mil a cuatro mil personas, todas laburantes de la IKA/Renault (SMATA) junto a mil obreros metalúrgicos (UOM) y casi mil obreros de empresas privadas de la misma rama, con Elpidio Torres al frente de la columna. Por el norte, frente al Correo Central concentra Luz y Fuerza, a cuatro cuadras del ente provincial energético. La estrategia del dirigente comunista Agustín Tosco es avanzar por General Paz, para que se unan los estudiantes y otras columnas de obreros que están bajando al centro. La columna original cuenta con poco más de mil personas; para cuando llegue al epicentro rebelde serán más de tres mil. Pero poco va a durar la caminata: la policía cordobesa, los gases lacrimógenos y la guardia montada no se harán esperar. La organización de tantos días surte su efecto: se levantan barricadas en puntos estratégicos de la ciudad, y los autos que se fabrican en las empresas explotadoras sirven como barricadas obreras. Estudiantes y obreros resisten la embestida policial pero pasadas las doce del mediodía, cae el primer obrero abatido: Máximo Mena, delegado de SMATA en IKA/Renault, asesinado por la guardia montada con un arma de fuego.

Las fotografías de los enfrentamientos inundan los medios gráficos y se empieza a correr la voz sobre el asesinato de Mena. La indignación general rebasa los límites de la tolerancia haciendo que decenas de miles de personas se sumen a la protesta desbordando la capacidad policial para una contingencia inimaginable. El pueblo amenaza con desalojar a la policía de la ciudad de Córdoba. Luego de más de dos horas de enfrentamiento encarnizado, la policía se queda sin suministros y la caballería resulta ser inútil frente a simples bolitas de metal en el piso. El pueblo rebelde no sólo expulsa a las fuerzas de seguridad, sino que sitia temporalmente la ciudad: unas 150 manzanas, incluido el hospital, el centro cívico, la comisaría principal y el depósito de combustible. El pueblo vitorea triunfal la victoria contra el golpista económico Krieger Vasena y el presidente de facto Juan Carlos Onganía. El público general apoya la victoria, pero a las 17:30 pm el Gral. Sánchez Lahoz declara el toque de queda, y el ejército se hace presente.

Los días 30 y 31 del Mayo Cordobés fueron días de persecución, encarcelamiento de líderes sindicales y allanamientos por parte del ejército argentino. Las personas que estaban en las calles no hicieron caso fácilmente al toque de queda. Se contaron unos 170 heridos, más de 300 detenidos e incontables daños en hogares, edificios y vía pública. Un tribunal militar del Consejo Especial de Guerra llevó a juicio a 104 personas, de las cuales condenó a prisión a 15. Si bien se dispuso una amnistía que permitió la liberación de muchos presos políticos, algunos de ellos serían perseguidos durante el golpe cívico-militar que vendría años después siendo secuestrados, torturados y asesinados en centros clandestinos de detención. En los tres días de rebeldía popular, se contaron al menos cuatro víctimas fatales en los enfrentamientos.  En los tres años que siguieron al Mayo Cordobés, se sucedieron otras puebladas y un segundo Cordobazo, donde renunció el interventor militar de la provincia.

Pero las puebladas no quedaron ahí; en la década del ’90 y el año 2000 se encendieron nuevos focos rebeldes que aspiraron a ser revolucionarios, siendo el desborde decisivo el Argentinazo del 2001, con el legendario “que se vayan todos” y la huida precipitada de Fernando de la Rúa en helicóptero. Se puede decir que la pueblada rebelde es una medida que el pueblo argentino ha sabido llevar adelante significando grandes hitos en su historia y las consiguientes reformas a nivel social y político. Estas revueltas populares, gestadas desde el pueblo obrero y estudiantil, han significado el tope de hartazgo, desesperación y encono del pueblo con sus clases dirigentes. Hoy, a 50 años de aquellos días turbulentos y combativos, nos encontramos nuevamente en un país saqueado, con hambre y años de bronca acumulada. ¿Será que los movimientos sociales aprendieron del pasado y saben cómo hacer frente a esta dura realidad? ¿Será que es hora de una nueva pueblada rebelde? De cara a estas cercanas elecciones, sólo el tiempo lo dirá. De resto, el ejercicio de la memoria es una buena forma de homenajear a quienes protagonizaron uno de los hechos más importantes de la historia moderna argentina.

Por Michal Hynst

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

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