El mapa del delito

Hace 5 años Alberto Weretilnek daba en conocer el “Mapa del Delito” con los nombres de una docena de familias que constituirían el problema de la Inseguridad en Bariloche. ¿Qué relación hay entre ese anuncio y que un pibe pierda un ojo? Nota de opinión.

IMG-20181112-WA0018
Indignación por un hecho que se podría haber evitado. Foto: Euge Neme.

El 15 de octubre de 2013 el Gobernador Alberto Weretilnek daba a conocer los nombres de familias humildes de las barriadas de Bariloche asociándolas al “mapa del delito” de la ciudad. Pibes, pibas, adolescentes y jóvenes que llevan los apellidos que dio a conocer el gobernador quedaron “escrachados” en medios de comunicación y en las barriadas del Alto. Todas esas familias son estigmatizadas hasta el día de hoy sufriendo una condena social por “portación” de apellido.

La asociación de esos jóvenes con el delito por un gran sector de la sociedad barilochense y la construcción de sentido común que realizó el gobierno, desembocó en la persecución sistemática de casi todas las familias allí nombradas durante estos 5 largos años.

En este contexto, a algunos integrantes de esas familias, les costó tener un vínculo sano en sus propias comunidades. Pero el Estado en vez de apostar por la inclusión social, apostó por el abordaje punitivo nuevamente.

Es decir que relegó la tarea al Ministerio de Seguridad y no al de Desarrollo Social. Invirtió en mas policías y patrulleros en vez de invertir en programas de mediación de conflictos y programas que contuvieran a los pibes que quedan afuera de la educación media y la cultura del trabajo. Esta población se cuenta de a cientos en los barrios populares.

La violencia policial y los enfrentamientos entre bandas son las consecuencias de esta política punitivista por la que optó el Gobernador Weretilnek convencido que “garpaba” en la clase media que exige seguridad y en los medios masivos que gustan de noticias policiales y necrológicas.

Sin embargo, el adolescente de 16 años que perdió el ojo es una víctima inocente de esta “guerra” desatada en las 34 Hectáreas por la policía. El pibe quedó incapacitado de por vida por ir a visitar a su novia en el día y la hora equivocada. Semanas atrás el asalto a un remisero movilizó a los sectores mas reaccionarios que piden “mano dura” desencadenando la cacería.

Las consecuencias del abordaje de la inseguridad desde esta óptica punitiva solo incrementa los niveles de violencia dentro de las comunidades y deja víctimas ajenas al método de resolución violenta de los conflictos sociales.

De estos resultados y de los altos índices de violencia institucional se tiene que hacer cargo el Gobernador Alberto Weretilnek y el Ministro de Seguridad Gastón Pérez Esteban quien rehusó en sus 3 últimas estadías en la ciudad andina juntarse con las organizaciones sociales que denuncian hace años las consecuencias de estas políticas erráticas que tienen costo en lesiones y vidas humanas.

Alto costo llevará también salir de la encerrona en la que quedan   mayoría de vecinos y vecinas que sueñan con una ciudad incluida y cohesionada socialmente y están cansados de vivir en un marco de violencia permanente. No va ser fácil recuperar los años perdidos y la ausencia de políticas públicas en las épocas de vacas gordas y “viento de cola”.

En un contexto de recesión y ajuste como el que avanza día a día en las barriadas mas postergadas, los niveles de violencia irán en aumento, como aumentan los consumos problemáticos y las economías del delito en los barrios.

Esta historia ya la conocimos en el 2001 y los años que le siguieron. La crisis económica recae principalmente en los pibes y pibas del pueblo. Los niños que hoy, entran al mundo adulto son los nacidos durante esos años de profunda crisis. Hoy, se trata de evitar las consecuencias que más temprano que tarde trae el actual proyecto de país donde sobra mas del 30 % de la población. Nada solucionará la mano dura ni una policía desbocada en los barrios con aval gubernamental. No lo perdamos de vista quienes todavía tenemos el privilegio de tener todos los ojos en la cara.

 

 

Por Alejandro Palmas

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta nota fue posible gracias al apoyo de nuestros lectores.