Giro fundamental en la hipótesis de la represión masiva del 17 de junio de 2010

La policía atacó puntualmente a dos familias en sus viviendas. La versión oficial de toda la policía de Río Negro de que todo el dispositivo estatal fue para “preservar el edificio de la comisaría 28” quedó seriamente puesta en duda durante la jornada número 11 del juicio oral y público contra ocho efectivos que intervinieron en la represión masiva.

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Policìas custodiando la Comisarìa 28.

Las viviendas de dos familias que vivían en la misma manzana de enfrente de esa comisaría, ambas con varios jóvenes adolescentes entre sus miembros, fueron atacadas con armas largas y gases lacrimógenos en horas cercanas al mediodía, según coincidieron los relatos de tres testigos, que se enlazan y completan con otros ofrecidos días previos.

Ocho años después persiste el estado de amenaza policial contra algunas de esas familias, víctimas de la represión de entonces y objeto de persecución constante, lo que llevó al presidente del Tribunal a instruir a la Fiscalía para de curso a una amenaza expresada por una testigo. Por su parte, Marina Schifrin, de la querella por la familia de Nicolás Carrasco, planteó en la audiencia la necesidad de un hábeas corpus preventivo para testigos amenazados constantemente por la policía.

“Me ví encerrado en fuego cruzado”, contó Pablo Domíguez, un joven que esa mañana resolvió ir a la casa de la familia de Diego Bonefoi a manifestar su solidaridad, ya que meses antes un hermano suyo había sido víctima de “gatillo fácil” y sabía de qué se trataba. Frente a la casa de la familia Bonefoi, en la calle, un pequeño grupo de chicos tiraba piedras de a ratos a la comisaría ubicada a metros, en la esquina de enfrente, ya que el padre de la víctima fatal de la madrugada “salía a pedir calma para velar a Dieguito”. Hasta que en un momento un pelotón se paró en posición de tiro y disparo contra el frente de la casa, desatándose la represión y el terror en las calles. Aseguró que disparaban en forma horizontal, al cuerpo. En un momento, “como si fuera una emboscada”, junto a otros jóvenes se refugió en una casa cercana. Al entrar hay un chico “tirado en el piso, arrollado. Después supe que era Nino”.

Por su parte, Gastón Riquelme, cuñado de Sergio Cárdenas, confirmó que “tiraban a matar, al cuerpo”. Después del partido de Argentina, en ese mundial de fútbol, sabiendo que “habían matado a Diego salió a la calle a tirar piedras. Iba y volvía a mi casa por los gases lacrimógenos”. Por la tarde, en un momento en la calle reconoció a la policía Mariela Bazán que repartía municiones y a la vez recogía cartuchos servidos; se acercó y la insultó. Ve a por lo menos un policía de civil portando escopeta y a un grupo de la BORA que avanza cuando siente el impacto de un disparo en la pierna izquierda. Corrió unos metros y se desvaneció. Alfredo Vázquez, un muchacho que declaró la semana pasada, se acercó a ayudarlo cuando ambos ven que Sergio Cárdenas, que estaba muy cerca, cae en  seco. Vázquez lo deja y se vuelve a ayudar a Sergio.  Todavía tiene en el muslo incrustado el plomo.

Declaró también otro chico del barrio, que en ese momento tenía 16 años, también recibió un disparo. Es uno de los 13 casos que están incorporados en este juicio para determinar quién o quiénes son los responsables, aún cuando no se pueda determinar los autores materiales directos.

Sobre todo durante la primera semana de este juicio, los ocho imputados y todos los testigos policiales afirmaron que la única instrucción operativa que recibieron fue la de resguardar el patrimonio público, evitar que tomen la comisaría, porque querían quemarla, según la hipótesis del dispositivo estatal montado desde primeras horas de la mañana del jueves 17 de junio. ¿Fue un caos, fue un desborde?, al punto que temieron por sus propias vidas?, como reiteraron en coro.

Hoy, después de 8 años, una testigo reveló que esa mañana la policía buscaba a los chicos que estaban con Diego esa madrugada, convencidos que habían sido testigos de las verdaderas circunstancias en las que el ex cabo Colombil ejecutó de un balazo en la cabeza a Diego (15 años).

Otro testigo, al ser preguntado si conocía a las víctimas por un juez, dijo “a los tres”, refiriéndose a Diego, Nino y Sergio. El juez le aclaró al testigo que este juicio es por los dos últimos, que hubo sentencia por el primero. En la memoria y la verdad de ese joven testigo, como en los hechos, los tres jóvenes están unidos.

 

Multisectorial contra la represión y la impunidad de Bariloche.

Fotos: Alejandro Palmas

Equipo de Comunicaciòn Popular Colectivo al Margen

 

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