Respirar de nuevo: de cuando una mujer avanza para que la iglesia retroceda

“Necesito que se escriba mi historia desde el lado humano” me dice por teléfono a días de haber enfrentado al hombre que abusó de ella desde los dos a los catorce años. Y yo, sin oficio en el periodismo, no puedo dejar de pensar que la falta de humanidad y la alianza entre el Estado y la Iglesia es de lo que está impregnada su historia y la de tantas otras chicas.

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El abuso intrafamiliar es mas común de los que muchos creen. Ilustración : Andreina Poli.

Mariana tiene 29 años y hace algunos decidió mudarse a Bariloche con su compañero para poder trabajar y crear desde el arte del cine que tanto le apasiona y por la que tan duro estudió en el UNA. Es difícil que pase desapercibida, su estatura y contextura física pequeñas nada tienen que ver con su presencia que todo lo inunda. Es militante desde hace mucho tiempo del Partido Obrero y logra ganar discusiones sin levantar el tono de voz. La convicción de que a este mundo hay que cambiarlo lo lleva tatuado en la muñeca con la frase “la clase obrera irá al cielo”.

El año pasado a raíz de un episodio de acoso en un colectivo Mariana empezó a recordar o tal vez poner en valor ciertas imágenes que la habitaban “mi cuerpo se había convertido en una jaula que debía permanecer cerrada” y a través de un trabajo en terapia y las redes de amistades que ha sabido construir a lo largo de su vida pudo adentrarse en los recuerdos más traumáticos de su vida.

Alejo Insaurralde, su abuelo materno, había abusado de ella durante casi la mitad de su vida. “los primeros recuerdos fueron espacios, olores que me desagradaban profundamente un silbido que me atormentaba, la imagen de una mano tocándome”.

Alejo Insaurralde es un ex pastor evangélico encargado durante mucho tiempo de un jardín maternal y portero de una escuela primaria de la ciudad de Viedma.  Estaba a cargo del cuidado de Mariana la mayor parte del tiempo en estos espacios educativos. Pero en ningún momento la cuido. Abuso de ella, la tocó, la violó, la sometió durante toda su niñez y parte de su adolescencia.

Alejo Insaurralde, protegido por las distintas instituciones eclesiásticas, permaneció inmutable durante la audiencia en donde siete chicas en total lo denuncian por haber cometido abusos sexuales. Tiene 79 años y el año pasado recibió una condena de un año en suspensión por abuso sexual simple a una niña de 12 años.

Al salir de tribunales Mariana contó “Pude declarar mirándolo a los ojos todo el tiempo, lo tenía enfrente y lo dije todo. Él bajó la mirada durante toda la audiencia” dando cuenta de que pese a la cantidad de años en los que tuvo que guardada esas heridas y ese veneno su fortaleza y capacidad de pensar en otras seguía de pie.

“Hoy me toca hablar a mi. Después de un año de trabajo terapéutico y gracias al amor incondicional de mis amigxs, compañerxs, y una parte de mi familia realicé la denuncia el 19 de abril del 2018. Hoy fue la primer audiencia de la causa. Lo imputaron por “Abuso sexual ultrajante doblemente agravado por el vínculo. Somos 7 chicas abusadas por este sujeto. Hago pública mi denuncia para que, de existir otras víctimas, se animen a hacer la denuncia. No estamos solas”. Con su metro cincuenta de estatura pisó como una gigante los pasillos del tribunal de Viedma abrazada por muchas otras compañeras de la agrupación Sobrevivientes del ASI (abuso sexual infantil), sabiéndose después de muchos años dueña de su cuerpo y de sus pasos.

Una amiga de Mariana relata “siempre me quejaba y la burlaba porque cuando vivíamos juntas en Buenos Aires no lavaba los cubiertos, después de doce años me contó que el abuelo abusaba de ella, que siempre la llevaba con él después de almorzar en la guardería y la amenazaba con los cubiertos…. Hasta lavar los platos cobra otro sentido”.

Mariana decidió hacer público su testimonio, su nombre, su cuerpo y su lucha. En una ciudad de 55.000 personas donde los delitos sexuales representan un 20 por ciento del total de las denuncias penales. En una sociedad que sigue poniendo en duda la urgente necesidad de separar a la iglesia de un estado que oculta y resguarda sujetos como Insaurralde. Mariana Vidal ha decidido decir basta. Y desde ahí comenzar el largo camino de reconstrucción personal.

La justicia aún no ha establecido un veredicto, por eso se han organizado campañas en distintos puntos del país pidiendo la encarcelación del pedófilo Insaurralde y la inmediata separación del Estado con la Iglesia.

 

 

Por Mariel Bleger

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen