Mi cuerpo es mío, mío, mío

En pleno festejo por la aprobación en la Cámara baja del Congreso del proyecto que busca legalizar el aborto, y tras una vigilia que mantuvo despierta a miles de personas que militan por la libertad de los cuerpos de las mujeres y personas gestantes, nos reunimos con parte del equipo del Centro de Salud de Virgen Misionera. Conversamos con Natalia Kerz, médica generalista, y Ariana Cuberlis, trabajadora social, sobre cómo atienden esta problemática en la salita y cómo se vive este debate barrio adentro.

 

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Natalia y Ariana de l Centro de Salud de Virgen Misionera. Fot o: Euge neme.

– ¿Qué tipo de orientación recibe una persona que se acerca a la salita con un embarazo no deseado?

Natalia: Lo primero que hacemos es escuchar. A veces vienen con una decisión tomada de interrumpir un embarazo, y otras veces es un embarazo y cuando empezás a preguntar sale que es un embarazo no deseado. Nosotros escuchamos lo que está pidiendo, y tenemos una modalidad de trabajo en equipo. Las recibe primero el médico generalista y ahí se entrevista en conjunto con trabajo social o con el área de psicología.

Ariana: Nuestro rol, de todo el equipo, es acompañar en este proceso. En ningún momento nuestra mirada tiene que ver con que decidan para un lado o para el otro. Solo se acompaña la decisión de la mujer.

-Y las personas que se acercan por embarazos no deseados ¿Son mujeres solas, o están acompañadas, o son varones? ¿Cómo es el tipo de consultas que llegan en función de los embarazos no deseados?

Ariana: A veces vienen acompañadas de sus parejas, pero la mayoría de las veces viene la mujer sola. Igual nosotros cuando hacemos la entrevista, hay una primera instancia que es con la mujer sola. La idea es poder entrevistarla primero a ella. Si después hay una segunda instancia en donde ella habilita a que entre su pareja, se lo puede hacer pasar. Pero primero es escuchar, porque puede haber situaciones de violencia o que alguien la puede estar forzando a que tome una decisión que ella no quiere.

Natalia: Tenemos consultas de mujeres, casi siempre solas. Es una consulta muy en soledad, esta tomado como desde lo clandestino, no animándose a preguntar.

-Recién hablabas de una ley provincial que habilita el Protocolo de Interrupción Legal de Embarazos (ILE) ¿Nos pueden contar un poquito cómo es la situación legal en nuestra provincia?

Ariana: La ley provincial 4.796 se aprobó en el 2015 y toma el Protocolo ILE de nación que se había hecho un par de años antes. Y a partir de esa sanción se arma un protocolo de intervención que después cada hospital decide como se va a implementar. Y lo que se detalla es la ILE con las diferentes causales para solicitar una interrupción. Esta la causal salud, que indica que se puede solicitar una interrupción si el embarazo pone el peligro la vida de la mujer, en caso de violación.

Natalia: Y la causal social que es cuando la mujer considera que ese embarazo está coartando su proyecto de vida o no es lo que estaba esperando o buscando. Y esto también es considerado una causal para solicitar la interrupción dentro del protocolo.

Ariana: El protocolo habla de si hay riesgo de vida o la salud integral de la mujer. Y el concepto de salud es amplio, puede ser una situación física o psicosocial.

Natalia: En la causal salud, también se contempla que no haya funcionado el método anticonceptivo. Si el preservativo se rompió, si la pastilla del día después no funcionó, si se quedó embarazada con un DIU. Eso también lo tomamos como causal de salud: falla del método anticonceptivo que usaba.

-Cuando hablan con las personas que se arriman al centro de salud ¿Cuáles son las principales causas de un embarazo no deseado? 

Natalia: A veces es difícil hacer como una casuística, porque cada situación es especial. Pero a veces el preservativo se rompió y no accedieron a las pastillas del día después, o accedieron y no funcionó. Quizás el método no estaba instalado, no tomaba bien las pastillas. O a veces, no usan método anticonceptivo y es una relación ocasional y subestiman la necesidad del método.

Ariana: También pasan situaciones de violencia. Una situación de violencia sexual en donde la mujer no quiere tener relaciones y el hombre la obliga y termina quedando embarazada.

Natalia: Sí, ponele esto de que se separan por una situación de violencia. Y el marido o pareja vuelve, y vuelve con todo su patriarcado a decir “este cuerpo es mío” y quedan embarazadas en un momento de enamoramiento, pensando que va a volver a funcionar, o van a volver a formar la familia. Y esa mujer se queda embarazada y después esa situación cae por su propio peso.

Ariana: Esto es lo que percibimos en nuestro trabajo. Pero es momento de que nosotros como centro de salud podamos contestar con datos más concretos. Porque de las entrevistas que hacemos se podría hacer.

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El Movimiento de mujeres logró la media sanción en el Congreso. Foto: Euge Neme.

-Ustedes hablaban de que las mujeres vienen con una noción de la clandestinidad en relación a las interrupciones de embarazos. Desde tu lugar de médica ¿cuáles son los riesgos que se corren al hacer una interrupción sin un acompañamiento médico?

Natalia: Se pone en riesgo la propia salud. Las diferentes clases sociales acceden a diferentes métodos para abortar. Antes de la implementación del protocolo ILE, la que podía pagar, pagaba. La que no podía pagar, y eso lo vimos en los barrios del alto, accedían a comadronas u otras mujeres que ayudan en los abortos, y por ahí los métodos no eran seguros. Ahora las pastillas (misoprostol) es lo más usado, pero veíamos que terminaban pagando un montón por las pastillas, o que no las conseguían. O había métodos instrumentales y en condiciones no higiénicas. No consultaban por miedo a ser estigmatizadas o a recibir un maltrato, porque en el hospital hemos pasado situaciones donde les preguntaban como si fuera un interrogatorio policial, qué había hecho, por qué estaba en esta situación de aborto. Recibimos en la guardia situaciones que eran de riesgo de vida o la que no caía en la guardia capaz seguía con una infección que podía quedar estéril. Y ni hablar desde lo emocional. Antes no había herramientas para sostener y ayudar a las mujeres. Por eso ahora, al aplicar este protocolo no trabaja el médico solo, están las trabajadoras sociales, las psicólogas. Y se acompaña todo el proceso. Hay una entrevista inicial, que escuchamos y vemos también en que semana está. Porque hay un límite: hasta las 12 semanas es un aborto que se pude hacer ambulatorio, con pastillas. Y en la segunda entrevista se conversa sobre los procedimientos cuáles son los riesgos, en qué momento nos volvemos a ver, quién la va a acompañar. Y darles las pautas de alerta. Después del aborto, se hace una nueva consulta para la planificación, para conversar sobre cuál es el método anticonceptivo más adecuado.

-Es importante hablar sobre los métodos anticonceptivos, pero también es necesario conversar sobre el consentimiento. Poder hablar de qué significa el consentimiento.

Ariana: Sí, sí, la anticoncepción aislada de las prácticas no sirve. Capaz una se obsesiona con que la mujer esté planificada y en realidad hay que trabajar otras cosas: que tienen la posibilidad de decidir si quieren o no tener relaciones sexuales, con qué cuidarse. Hay que trabajar desde el cuidado del propio cuerpo y desde ahí se toman decisiones más consientes al pensar de si me cuido o no durante la relación sexual.

– ¿Cómo impactó en su trabajo cotidiano que se estuviera debatiendo sobre el aborto en el Congreso?           

Natalia: Es difícil porque salen las posturas de las diferentes compañeras y compañeros. Es la vida misma. Es convivir sin tener acuerdos. Es un desafío. Y los que elegimos salud pública trabajamos entendiendo que el estado tiene que sostener a la población más vulnerable. Entender que la salud es un derecho. Tenemos un servicio de ginecología en donde la mayoría son objetores. ¿Cómo puede ser? Tenemos un centro de salud con dos médicos y uno es objetor. ¿Hasta dónde llega el derecho de la otra persona?

Ariana: Claro, como que este debate también nos lo dimos nosotros internamente como equipos de salud. No es que de un día para el otro se implementó el protocolo. Y a pesar de eso hay mucha gente que sigue estando en contra. Que haya una ley te habilita a decir “este es el marco institucional con el que trabajamos, vamos a trabajar así”. El que no quiere será objetor de consciencia, el médico, no la institución. Y se fue implementado de a poco. Se hicieron distintas jornadas de sensibilización y se fueron haciendo algunos cambios. Por ejemplo, antes a las mujeres que solicitaban una ILE se las internaba en la maternidad, y se revisó eso y hoy a una mujer que solicita una ILE se la interna en la sala común.

– ¿En qué cambiaría que se legalizará a nivel nacional?

Natalia: Sería un aval más. Reafirma lo que estamos haciendo.

Ariana: Sí, refirma, y quizás una Ley nacional permita que aquellos que estaban indecisos se sumen.

 

 

Por Florencia Taylor

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen