Abuso sexual en la infancia: la historia de Sara y su hija

(Por Agustina Lanza/El Furgón) – Hace dos años Sara Barni y su hija C., de 14, se sentaron en la mesa de un café. En la mitad de la charla, la adolescente se envalentonó. Le contó a su mamá que su padrastro había abusado de ella desde que tenía nueve. Y después tuvo miedo: no quería dividir a la familia a pocos meses de su fiesta de 15. En junio del año pasado el Tribunal Oral en lo Criminal N°13 condenó a David Antonio Coronel, de 39 años, a 14 años de prisión por ser autor penalmente responsable de los delitos de “abuso sexual con acceso carnal agravado por haber sido cometido contra un menor de 18 años aprovechando la convivencia preexistente, en concurso ideal con corrupción de menores”. Sin embargo, aún está libre hasta que la decisión de los jueces quede firme. Hoy, en un nuevo Día Mundial para la Prevención del Abuso Sexual en la Infancia, Sara no solo pelea contra la justicia por el caso de su hija, también ayuda a otras familias en la misma situación.

“En ese bar, la confesión  fue pura verborragia”, dijo a El Furgón Sara. Aseguró que C. dio indicios del abuso, pero que ella no los pudo reconocer en su momento: “Tenía unos ataques de epilepsia tremendos en los que se ponía morada”. Durante más de cinco años, Coronel esperaba quedarse solo con la niña para atormentarla. Lo hacía cuando Sara trabajaba hasta las cinco de la tarde o en el tiempo que tardaba en hacer las compras. A S., el hijo de ambos, le indicaba que fuera a su habitación y que se pusiera los auriculares. Si C. se negaba la amenazaba con el arma reglamentaria que portaba por ser policía de la Metropolitana; aunque tenía otras dos más en la casa: un revólver debajo de la almohada y una escopeta. “Eso le pasa a las chicas que no se dejan violar”, le decía y señalaba las noticias de femicidios en la televisión.

Sara no dudó del relato. “El día que me enteré era sábado. David estaba en la casa cuando volvimos y a la noche lo enfrenté. Él negó todo, dijo que mi hija estaba loca y apoyó el arma arriba de la mesa. Me dijo: ‘si me creés capaz eso, pegame un tiro’. No le seguí el juego. Esperé que se fuera a trabajar y salí de inmediato a hacer la denuncia. Todavía me cuesta creer que salí 12 años con esa persona”, contó.

Según datos de un informe de Unicef de 2016, en la mayoría de los casos judicializados en Argentina, los abusos en la infancia son cometidos por personas conocidas y por los propios familiares que aprovechan la confianza generada en la convivencia. “Suelen reiterarse en el tiempo, durante meses e incluso años antes de ser descubiertos. Generalmente, quienes cometen actos de abuso sexual pertenecen al género masculino”, detalla el informe. A eso se le suma que gran parte de los abusos a niñas, niños y adolescentes quedan impunes. El ex juez Carlos Rozanski aseguró a los medios que sólo son denunciados el 10 por ciento de los casos.

“Yo tuve suerte de que la justicia le crea a mi hija. En muchas ocasiones piensan que las mamás les llenan la cabeza a los nenes para inculpar a los hombres y sacar mérito propio”, explica Sara. Es por eso que en 2015 creó Red Viva, una organización no gubernamental en la que reciben casos similares al suyo y guía a las familias en los procesos. Ella misma lee los fallos, acompaña a las madres y arma estrategias para evitar los embates judiciales. “Esta semana entraron 20 casos y sabemos que alrededor de cada víctima hay un gran negocio. Nuestro propósito es que las adolescentes como C. vengan acá y salgan empoderadas”, dice.

Red Viva es una de las tantas organizaciones que participaron ayer de la jornada en Plaza Congreso, junto a la Red Nacional de Visibilización Contra el Abuso Sexual a Niñas, Niños y Adolescentes, en el día fijado en el calendario para visibilizar la problemática que se expande a nivel global. Desde las 15 hubo actividades: talleres, exposiciones, música, danza y acrobacia. Hacia el final, los y las organizadoras colocaron un contenedor de metal sobre la calle y prendieron fuego. A esa intervención la llamaron “la quema de los abusos”. Allí el que quería podía arrojar frases, fotos, CDs, lo que sea. “Lo hicimos para que las víctimas dejen de ser presas de sus victimarios”, concluyó Sara.

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