Torturas en la escuela de policías: “Nos tenemos que conformar con que mi hija está viva”

(por 8300.com.ar) Lo aseguró la madre de la joven que en abril volvió con un cuadro de deshidratación y estrés post-traumático del curso de aspirantes a policía, en Plaza Huincul. Se inició una investigación bajo estricto secreto de sumario, pero todavía no se conocieron novedades. Es al menos el tercer caso de vejaciones en la formación policial que dio a conocer a través de la denuncia de las víctimas.

“Me duele, me pegaron”, fue lo poco que alcanzó a decir la joven de 20 años, al encontrarse con su madre, Betiana Soto, dos días después de haber ingresado al curso de aspirantes a policía, en Plaza Huincul.

Foto http://www.policiadelneuquen.gob.ar

El Centro de Formación y Capacitación de Plaza Huincul de la Policía neuquina recibió a una joven aspirante el 24 de abril de este año para enviarla de vuelta con su familia la madrugada del 27 con un cuadro de deshidratación clase 2 y lo que después fue diagnosticado como estrés post-traumático. La familia la recibió casi inconsciente en la terminal de Neuquén Capital e inmediatamente la trasladaron al hospital Castro Rendón donde quedó internada.

“Mi hija fue sana, fue con un sueño, con algo que esperó toda su vida desde que era chica. Hoy es lamentable pero nos tenemos que conformar con que al menos está viva”, manifestó Betiana. Para la mujer, su hija no estaba consciente al momento de firmar la baja de la institución y tampoco lo estuvo cuando emprendió el regreso a la capital neuquina. Abona esta hipótesis el hecho de que una mujer desconocida asistió a la joven cuando sufrió varios desmayos mientras esperaba subir al colectivo que la traería desde Cutral Co.

Parte de la investigación, que se inició en paralelo en las fiscalías de Neuquén y Cutral Co, busca aclarar en qué condiciones estaba la joven al momento de renunciar a la formación en la fuerza de seguridad provincial y si fue hospitalizada o no cuando aún estaba bajo el mando de la institución.

Según el relato de Betiana, los 15 días posteriores al regreso de su hija fueron devastadores. “No quería comer porque decía que no la dejan y además le dolía mucho la mandíbula. Pensaba que no podía dormir porque debía cumplir guardia y solo iba al baño cuando salía el sol”, comentó y agregó que a los pocos días “comenzaron a aparecerle hematomas en todo el cuerpo”.

De a poco, la chica empezó a recuperar su salud aunque todavía mantiene sus sesiones de kinesiología por el traumatismo en los dedos que presenta. Además, está acompañada por un psicólogo y un psiquiatra y debe tomar cuatro medicaciones diarias, explicó su madre.

La causa, promovida por fiscalía, está caratulada como “Abuso de autoridad y torturas”. Por su parte las fuerzas de seguridad provincial iniciaron una investigación bajo secreto de sumario que lleva la división de Asuntos Internos. Sin embargo, la familia de la joven denunció que ninguna autoridad se acercó a brindar explicaciones o a ponerse a disposición de la familia y aún desconocen si se aplicaron sanciones o no.

“Considero que mi hija es víctima de este sistema inhumano y corrupto que tenemos”, sentenció Betiana.

Al poco tiempo de conocida la noticia, muchas familias y víctimas de agresiones en la escuela de cadetes se comunicaron con Betiana para contarle sus experiencias en la institución. No son pocos los casos que se mantienen ocultos por el miedo que provoca en los jóvenes la denuncia de estos hechos frente a las mismas fuerzas de seguridad. “Yo hago responsable a la policía de la provincia de lo que nos pueda pasar a mí o a mi familia”, concluyó la mujer, quien está decidida a seguir la investigación hasta obtener justicia.

Denuncias reiteradas

A fines de 2016, mientras la cúpula policial presentaba sus nuevas autoridades, dos ex cadetes denunciaron penitencias excesivas y abuso de autoridad por parte de los instructores que estaban a cargo de su formación. La revelación de estas vejaciones hizo que el Jefe de la Policía, Rubén Tissier, separa del cargo a las personas señaladas como responsables directos.

Tal como quedó asentado en la denuncia, los instructores habían mantenido esposados a dos jóvenes mientras otros realizaban sus rutinas de entrenamiento y un tercero había sufrido una lesión producto de los fuertes golpes recibidos.

En 2010, dos jóvenes se vieron obligados a firmar la baja mientras cumplían las primeras semanas de formación, después de ser golpeados en la espalda con palos de escoba mientras se bañaban. Los estudios médicos certificaron las lesiones.

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