El futbol ya no es para todos

Reflexiones acerca del fin de Futbol para Todos, la pasión africana y el regreso a las costumbres de los 90´.

danakil

Cancha improvisada en Etíopia. Foto: Manu de Paz.

 Estaba esperando el partido, ese que no iba poder ver. Igual es uno de la Copa, nunca lo pudimos ver, excepto las finales que en los últimos años las pasaban por la TV Pública. Me preparo para escucharlo por la radio. Y empecé a recordar algo que vi en sitios lejanos geográficamente, pero algo bastante cercano a nosotros en todo eso de la calidez, lo espiritual, lo cotidiano y lo intangible.

Messi y la pasión africana

Hace un tiempo tuve el privilegio de hacer un viaje de sueños por algunos países de África.  Puedo contarles un aspecto de ese viaje con el que se puede hacer paralelismo con nuestra realidad, aunque parezca extraño.

Una de las pasiones que tienen los países de África que visitamos es el futbol. Camisetas por todos lados. Del Barcelona, Arsenal, Chelsea, Real Madrid, de la selección Etíope y de Tanzania, de Brasil y muchas, pero muchas de Argentina. Si. Y Argentina es Messi. Decís Argentina y te dicen Messi. No Maradona, ni Batistuta, ni Tévez. Dicen ¡Messi! Algunos me dijeron que hasta lloraron cuando lo vieron llorar en la última Copa América. Varios me preguntaban extrañados como es que algunos argentinos no lo quieren a Messi, si es el mejor de los mejores. Messi es palabra santa, intocable, Dios.

Por momentos es difícil digerir que algunos solo conozcan nuestro país por un jugador de futbol, pero muchos conocen y se interesan por nuestro país gracias a Messi. Algunos nombraban al Che, al Papa, a Cristina, pero la mayoría era: “¡Aryentina…Messi”! ¡Hasta nos ofrecían descuentos (muchas veces ficticios) en negocios por ser del país de Messi!

La dimensión que ha tomado este pibe es la de Maradona en su época o más, y eso algunos acá no lo llegan a entender. A los tipos les encanta el fútbol. En Zanzíbar (Tanzania) nos cruzamos con un partido eterno de varias horas, que lo jugaban con mucha calidad, muchos pases y gambetas, pero no pateaban al arco casi nunca. No logré entender si era parte del estilo de juego, alguna regla no escrita o simplemente que les divertía más eso que hacer goles.

En Lalibela, Etiopia, la cancha de fútbol sobre ripio (como en Bariloche) estaba en medio del pueblo y no había día y hora sin alguien con una pelota. Los pibes, si venían a manguear algo en la calle era un libro, o que les compres una pelota.

Eso sí, los etíopes y los tanzanos también decían que aunque les encanta el futbol, su selección es malísima. La explicación es que cada jugador bueno de Etiopía o Tanzania que llega a la selección, al hacerse famoso y llenarse de plata se dedica a la joda y a las minas.

La frutilla del postre son los “estadios”. Cada vez que hay un partido de la liga inglesa, española o de selecciones, las calles quedan medio vacías. Se llenan los bares que ponen muchas mesas apuntando al TV que pasa el partido (también pasa con algunas novelas). Hay incluso grandes galpones con un gran TV y sillas como tribunas, con hinchada del Arsenal y el Manchester, por ejemplo. Cantan, se insultan entre hinchadas y todo. Con esa pasión y con lo que corren, si sus jugadores se dedicaran menos a la joda, preparémonos en el futuro a perder siempre con los africanos en los mundiales.

Pero acá va mi pequeña interpretación sobre porqué los africanos no tienen resultados mejores en el futbol. Su pasión no está en sus equipos, en sus selecciones… Está en los grandes clubes europeos o en las selecciones de otros países. Los “estadios” se llenan para ver esos partidos, no los propios. Y acá es donde encuentro puntos de contacto entre ambas realidades (las de ellos y las nuestras). Porque nos va empezar a pasar de nuevo.

La privatización de la cultura popular.

 A mitad de año vamos a tener que pagar nuevamente por ver nuestro futbol. Y va a empezar como en los 90´, la yunta en los bares y pizzerías para ver los partidos. Y el que no pueda, lo va a ver escondido atrás de la vidriera o se va quedar con la histórica radio y su imaginación.

Y uno puede pensar: ¿El estado tiene que gastar plata en 22 chabones atrás de la pelotita? Acá no se trata de falta de plata, sino de donde se pone plata y donde no. El estado gasta millones en mantener el Teatro Colón, por ejemplo, que es una de las cúspides de muchas de las bellas artes argentinas. Pero la danza, el teatro y la música que por allí pasan no están al alcance de todos, y lo más importante, no son del gusto popular como es el futbol. Y el futbol en Argentina no es solo un deporte, es cultura.

Hay millones de argentinos que hacen de todo para su club: viajes, peñas, apoyo escolar, aguante, banderas, cantos, bailes, cábalas, apuestas, locros, empanadas, murgas, camisetas, macumbas, bautismos de bebes con camiseta, exorcismos de canchas, etc., ¿No es eso parte de la cultura? ¿O la cultura en la que vale la pena invertir desde el Estado es la que conforma a paladares negros? Ojalá la danza y la música del Colón estuvieran al alcance y gusto de todos ¿Pero no merece lo mismo o mejor trato e inversión la cultura popular y barrial? ¿Porque en los últimos años varios ídolos (por ejemplo, Verón, Tévez, Gallardo, D´Alenssandro, Cavenaghi, Osvaldo, Gago, Milito, Ayala, el “Chori” Domínguez) volvieron a los clubes de sus amores desde Europa resignando millones? Por la identificación con esa cultura, con esos colores, con la pasión que tenemos por el futbol, ellos mismos se cansaron de decirlo (más allá que algo de plata se llevaron).

De Tanzania a Bariloche

 El problema de los africanos es que cada uno de los buenos está pensando en salvarse llegando a club de Europa, que es donde sus conciudadanos lo van a ver y reconocer. Y lo que terminan viendo como bueno es un jugador africano europeizado…no al goleador del club de barrio.

Andá a preguntarle a algún pibe de LIFUBA sino conoce a alguno de los pibes que pasó por esa liga y está jugando en algún club de primera. O alguno de Boca preguntale por dónde anda Tévez o Banega o alguno de River cuando vuelve D´Alessandro, el Chori Dominguez o Mascherano, o a los de Independiente en que anda Agüero, o a los de Racing cuantos goles lleva Vietto, o a los de San Lorenzo cuantos caños lleva Correa o a los de Instituto cuantos goles lleva Dybala, o a los de Belgrano y Velez donde anda el “mudo” Vázquez. Todos jugadores que pueden estar “jugando afuera” pero que el hincha los sigue como si jugaran aún en su club y sigue valiendo su ejemplo para las cargadas y festejos.

Reflexiones finales

 Volviendo a cuanto se gasta. El Estado tiene por obligación constitucional informar a la población sobre las acciones de gobierno. Esto es: obras, campañas de vacunación, servicios, leyes aprobadas, calendarios de pagos de salarios y jubilaciones, etc. El Estado tiene plata asignada obligatoriamente para eso. Hace unos años se decidió concentrar en su mayoría esa plata en el evento deportivo cultural que más convoca a los argentinos, el futbol. Eso era el Futbol para todos. Vos veías gratis el partido y de paso el estado se aseguraba la mayor difusión de sus acciones de gobierno, que les recuerdo es una obligación constitucional.

La última cifra que escuche era que si se dividía la plata que se gastaba del Estado en el futbol por todos los habitantes daba 20 pesos o menos por año por cada argentino. Ahora, con la privatización de la televisación del futbol impulsada por Macri, ver los partidos va salir unos 20-25 dólares por mes, o sea entre 300$ y 400$, más el cable. Y el chiste es que el Estado va tener que seguir gastando esos 20 pesos por cabeza o más, para que vos te enteres de las acciones de gobierno. Y además como el futbol lo van a tener los canales privados, el Estado le va a tener que pagar a los privados (más caro), para que solo algunos vean los partidos y solo algunos se enteren de las acciones de gobierno. Súmale a eso que vamos a volver a no ver toda la movida popular del futbol, toda esa cultura popular, y así de a poco quizás nuestros jugadores pierdan nuestra identidad y nos empiece a pasar lo que les pasa a Etiópes y Tanzanos.

También de a poquito algunos poderosos pretenden que todos vayamos perdiendo un poco de nuestra identidad, como ya nos pasó en otras épocas. Esas épocas que parecen estar volviendo, donde estábamos más enterados de lo que pensaba Europa o lo que opina de nosotros el Fondo Monetario Internacional, que lo que pasaba en nuestros países vecinos o en nuestros barrios…

Por Manuel de Paz

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

 

 

 

 

 

 

 

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