Marcar la cancha

La metáfora salió limpita, casi sin pensarla cuando venía hablando por la calle con un amigo sobre las distintas atmósferas que se generan después de estar mucho tiempo en una misma organización social y los diferentes microclimas internos que fluctúan después de cada reunión,  cada plenario, cada edición.

Pertenecer a una organización social es como ser hincha de un equipo; podes salir campeón, pero igual sufrís como loco todo el año. A veces más que un sentimiento es un sufrimiento”, soltamos.

Porque uno se hace hincha en las malas, no cuando la vida es color de rosa. Igual para tod@s los que pertenecemos a alguna trinchera de construcción social de algún tipo, desde donde queremos  hacer un mundo un poquito más justo, y empezamos a trabajar por acceso de igualdad de derechos, para mejorar el barrio, las cuestiones públicas o para aportar con un granito de arena y encarar a lo que más nos indigna o motiva.

Pero se disputa y pelea más de lo que se festeja. Pueden ser cuestiones de fondo que nunca se terminan de resolver, o críticas que duelen por ser demasiado ciertas o erradas, o emergentes que nos llevan a correr atrás de una pelota que no empujamos nosotros, que se suman  a una reiteración de faltas de diversos destacamentos estatales, trabas burocráticas o apuros electoralistas.

Incluso cuando tenemos una noticia, un hecho positivo, un logro colectivo cumplido, algo que amerite el piropo, el aplauso o las felicitaciones de los presentes, el festejo con la boca llena de gol se desdibuja, se pierde y pasa desapercibido. De tan disputado que está el partido solemos olvidarnos de festejar.

Es que las cosas (como los goles) no vienen servidas y en el temario semanal, las cuestiones a tratar vienen con emociones y acciones que demandan mucho esfuerzo, convicción y tolerancia. Y a veces a uno no le quedan más milímetros de neuronas,  gramos de energía, ni milésimas de tiempo para aportar. Nos quedamos sin piernas en este camino que no tiene mapas de rutas, ni recetas absolutas, 0 800 donde consultar, ni GPS donde ubicar las posibles salidas a cuestiones que calan hondo.

Pero los pasos (o pases) que vamos dando cada día son firmes y se sostienen en el tiempo y nos llevan a elegir cada día entre quedarnos en nuestras casas o jugar en equipo, sosteniendo una forma de comunicación diferente, que se pare desde otro lado, que en estos tiempos de discursos bipartidarios no le tenga miedo a la primera persona del plural.

Nosotr@s levantamos la mano, pedimos la pelota y votamos por construir con convicción, por  traccionar las estrategias de autogestión, potenciar nuestros espacios y acciones, diversificar los soportes comunicacionales y articular con aquellos que compartimos un mismo horizonte y tenemos un contrincante en común.

Preferimos siempre poner las patas en el territorio y así empezamos a levantar nuestra propia sede, tirando paredes entre compañeros, para poder tener un pedacito de montaña desde donde pensar al barrio, a la ciudad y a nosotros mismos, donde poder jugar de local en este partido que empezamos hace 11 años en este espacio para otras noticias.

Hay que luchar con alegría”, decía un tal Ernesto Guevara. Y así vamos de derrota en derrota, hasta la victoria final. Hasta la victoria siempre.

Ahí es donde tenemos que respaldarnos en los compañeros que vienen poniendo el lomo, ganándose un lugar y entendiendo la lógica de esta organización que tiene en esta revista (además de nuestro programa de radio y la web) una manera de comunicarse, de contar lo que nos pasa parados desde dónde vemos el mundo.

Por Equipo de Comunicacion Popular Colectivo Al Margen

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