Nacido para ser poeta – Camilo Blajaquis / César Gonzáles

En el kilómetro 7 de la Avenida de los Pioneros, cerca del desvío que lleva al Cerro Catedral y Villa Los Coihues, se encuentra Virgen Misionera, un barrio popular emplazado en una zona inmobiliaria residencial. Tras dejar el pavimento y caminar un par de cuadras hacia el Cerro Otto, detrás de la Iglesia y de la cancha del Club Arco Iris, aparece la Escuela Amuyen.

Viernes de octubre a todo sol. La Feria de la Palabra disemina actividades culturales por todo Bariloche. Adolescentes recorren alborotados el patio de acceso y cada vez que un auto desconocido se detiene frente al portón, observan ansiosos para descubrir si él llega.

 

Lourdes, es profesora de Historia. Junto a otros docentes y preceptores de la escuela, comparte un proyecto educativo relacionado con el 12 de Octubre, el Día de Respeto a la Diversidad Cultural.

“La visita de César González a nuestra ciudad y que haya aceptado venir a compartir la tarde con nosotros nos vino perfecto para coronar las actividades que veníamos realizando. Él es un artista que no tiene que ver con la cultura dominante, sino que es parte de una forma de expresión potente que quiere ser respetada. Entrelazando esta efeméride con la idea de que todos somos iguales y constructores de cultura, los estudiantes de 3ro. a 5to. comenzaron a trabajar en grupo con su obra escrita y audiovisual. Como muchos no lo conocían, nos pusimos a ver algunas de sus películas de ficción y documentales.

Hay que tener en cuenta que en esta escuela trabajamos con la población que reside en los barrios altos de la ciudad, así que instantáneamente los chicos y chicas se sintieron identificados con las ideas y problemáticas que César y su entorno exponían desde la pantalla.

A partir de una frase del Indio Solari que dice “Nos merecemos bellos milagros y ocurrirán”, surgió la idea de que quienes quisieran, pudiesen escribir una idea, canción o relato donde poner sus vivencias cotidianas y comenzar a soñar y proyectarse a futuro”.

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Dentro del gimnasio todo está listo. Como tantas otras veces, la FM del Barrio transmite en vivo desde el lugar y pone música a la previa. Llegan grupos de otras escuelas como la Jaime de Nevares, CEM 20, Taller Carlos Mugica, la Técnica Nehuen Peuman, la Federación de Estudiantes Secundarios, instituciones como INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), Secretaría de Cultura local y Centro Comunitario de Salud Mental “Camino Abierto”.

Mientras se terminan de acomodar las sillas y de colgar las últimas banderas con frases alusivas, un aplauso caluroso y extenso recibe al invitado. A modo de presentación César arranca con la lectura de “El camino al alma”:

“Quería arrancar con un poema porque cuando estaba preso escribir poesía fue lo que me salvó. Me hubiese encantado no haber tenido que pasar por lo que pasé para darme cuenta de esto, pero paradójicamente fue en la cárcel donde encontré la libertad. No es que yo de entrada me convertí en esto que soy ahora: durante los primeros dos años que estuve encerrado, mi sueño seguía siendo el mismo que tenía desde chico: salir y robar un blindado.

La vida dentro de la cárcel es una manifestación de todas las miserias humanas. No sirve para nada, o mejor dicho sí sirve para algo: Sirve para que si vos sentías un diez por ciento de resentimiento en tu interior, sientas un mil por ciento.”

 

Luego de un minucioso relato de su vida, el micrófono circula de mano en mano y comienzan las preguntas:

 -¿Hasta dónde consideras que el arte puede salvar a un pibe?

C: Es algo hasta metafísico: cuando un ser humano se siente creador es su propio Dios. Pero el arte solo no me dice nada. A mí lo que me salvó fue mezclar el arte con mis propios infiernos, con las miserias humanas. Tiré el arte ahí y salen mis poemas. Me gusta el arte mezclado con el pueblo, porque sino el arte también puede ser una de las actividades más egoístas que existen.

 

-¿Por qué además de escribir te dedicás al cine y la televisión?

C: La poesía es un mambo personal. Tenés que ser vos, la hoja y lo que se te ocurra. El cine es algo que siempre me gustó. Me permite que seamos muchos y es una manera de no salvarme solo y ayudar a otros pibes que la rompen actuando. Porque no es que yo prendo la cámara, pongo un par de negros adelante, después lo subo a la red y digo “¡miren lo progre que soy, filmo a los negros! Mi forma de trabajar es ver mucho cine juntos, desarrollar los personajes y creo que esto se ve plasmado en mis películas. Me parece que lo más importante es que demuestro que no soy un caso único, que en las villas, así como hay mucho sufrimiento, también hay mucho talento.

 

-Mañana vas a realizar una actividad en el Penal de nuestra ciudad ¿Cómo te sentís cuando tenés que pasar por estas experiencias?

C: La verdad que regresar a un penal no es algo que me guste. Yo estuve cinco años preso y estaría bueno que la gente no se olvide de esto y no me exija tanto. No es que voy, doy un taller y me voy: yo estuve ahí, estuve en los buzones de castigo, tengo familiares y amigos presos.

Nadie sabe lo que siente mi alma cuando me voy y los pibes quedan adentro.

 

-Esta pregunta no tiene que ver con religión, pero ¿en donde encontras la fe?

C: En un poema escribí que si no fuese por la fe no estaría acá. Fue una fe absurda, porque estar preso y tener fe en ser escritor sonaba absurdo. Pero creer es crear.

 

-¿Te enseñó algo la cárcel?

C: A disfrutar mucho más los pequeños momentos. A vivir con menos. A comer lo justo y necesario. Cuando bailaste mucho tiempo con la muerte aprendés a cuidar mucho más la vida.

 

-Hace un rato decías que tenes una visión bastante pesimista de la realidad. ¿Se debe a lo que viviste en el pasado o es una lectura actual?

C: Te voy a contestar con una frase que leí de uno de mis directores de cine preferidos: Robert Bresson. Cuando le hacen una pregunta similar responde “Usted confunde pesimismo con lucidez. Soy muy lúcido y sé el estado espiritual en que se encuentra la humanidad”. En mi caso soy consciente de la oscuridad del ser humano porque la conocí. Porque también yo fui oscuro y por todas las cosas que me hicieron estando encerrado. Pero por otro lado tengo mucha esperanza y veo cotidianamente situaciones de solidaridad, compromiso y militancia joven que conmueven. Yo creo que la inclusión es importante, pero la integración es la fase superadora… Además, si escribo poesía no puedo ser pesimista.

 

Luego de dos horas de charla y en medio de abrazos, pedidos de fotos, firma de libros y autógrafos, César nos concede unos minutos. 

AL MARGEN: Tras participar de un encuentro intenso como el que acaba de finalizar, ¿qué te parece que sienten los pibes y pibas cuando les contás la historia de tu vida?

CÉSAR: Yo creo que la mayoría cuando ven una de mis películas, de los cortos o leen alguno de los poemas sabe de lo que estoy hablando, ya sea por experiencia personal, o porque le pasó a un familiar o conocido.

El respaldo de la juventud que siento es uno de los regalos más grandes que me dio la vida. Me preocuparía si no lo tuviera… Algo mal estaría haciendo. Igual, no puedo responderte qué les pasa a ellos, sí qué me pasa a mí al sentir tanto apoyo y afecto.

Las problemáticas que yo trato reflejan situaciones por las que la mayoría de los pibes pasa: maltrato policial, discriminación o falta de oportunidades y sienten una empatía con mis planteos

 

AM: ¿Y qué sentís cuando reconocen tu esfuerzo?

C: Siento que todo valió la pena. Cuando estuve en cana, o el primer año después de salir que tuve que remarla a full, me angustiaba y deprimía porque no conseguía laburo. Pero hoy el presente es muy lindo y que cada vez me conozca más gente a mí me pone contento y es una gran motivación llena de belleza.

 

AM: A lo largo de tu exposición hablaste mucho de los años 90. De cómo el neoliberalismo atravesó tu infancia y adolescencia y a tu generación. ¿Cómo ves hoy tu barrio en comparación con aquel momento y en particular a los niños y niñas que tienen la edad que vos tenías entonces?

C: En mi barrio en particular y debido a que se encuentra dentro de un municipio del conurbano bonaerense como el de Morón, que desde hace años viene trabajando políticas de inclusión, de a poco se fueron urbanizando todas las villas de la zona.

Y la urbanización trajo una dignidad a la gente que vive en el barrio que tiempo antes era impensable. Y si bien sigue habiendo muchos conflictos y violencia, debido a estos cambios la situación está mucho mejor. Porque además de traer lo más básico como es el acceso a la vivienda, también se abrieron muchos espacios de contención, como ser salitas de primeros auxilios, maternidad, un jardín maternal nuevo, una canchita de fútbol iluminada y con arcos, remodelaron todos los monoblocks y un montón más.

Falta mucho, pero desconocer que gracias a una buena gestión la vida mejora, sería ingrato y a mí no me gusta serlo.

 

AM: Y cuando salís de tu barrio y recorrés el resto del conurbano bonaerense, ¿qué análisis hacés del actual momento político?

C: Creo que hay muchas contradicciones, porque por un lado tenés un gobierno nacional que baja una línea de inclusión y la lleva a la práctica. Simultáneamente, la única manera de tratar el tema de la inseguridad es con “Mano Dura”, y muchos de los funcionarios y políticos que tienen este discurso son parte del mismo gobierno que nos hace las casas, cloacas y demás mejoras en la calidad de vida de la población.

 

AM: Y abriendo todavía más la cancha, ¿cómo ves al resto del país?

C: Si bien hay muchas situaciones de hostigamiento y casos de gatillo fácil, considero que Buenos Aires está mejor que el interior del país. No sé si esto se da porque allá están los medios de comunicación y la policía sabe que cualquier caso puede tener mucha repercusión, pero si hubiese ocurrido en el conurbano un triple crimen como ocurrió en Bariloche seguramente hubiese significado el final del gobierno. Sin ir más lejos, fijate que cuando mataron a Mariano Ferreyra casi termina el kirchnerismo.

En el interior advierto mucha más crueldad policial, y casos como estos ocurren todo el tiempo y las investigaciones quedan en la nada. También cuando más te alejás de Capital Federal más peso tiene en la población la moral católica: Este concepto de “los buenos” y “los malos”, o lo que “está bien” y “lo que está mal”. Yo muchas veces vuelvo muy mal de mis viajes al interior.

Hay muchas provincias en las que se vive con herramientas propias de los tiempos de la segregación, como por ejemplo Córdoba, donde existe un código de faltas que incluye la figura del merodeo y permite que quien tiene el poder pueda llevarte en cana simplemente porque no le gustás. Es el Apartheid sudafricano pero en 2015.

 

AM: ¿Encontrás algún tipo de salida a la polarización en la que nos encontramos?

C: Por citarte un ejemplo, me sorprende que en Capital Federal gente de clase media que de casualidad llega a pagar el alquiler, le preguntás cuál es el problema que más le preocupa y dice “INSEGURIDAD… segundo: INSEGURIDAD tercero: SEGURIDAD y cuarto: “Y, creo que vivienda.” Si esas son las prioridades esta es una muestra de la sociedad que estamos construyendo. Cada vez mas segregadora y racista, que crea un enemigo único que somos los de los barrios bajos. La vieja historia de civilización o barbarie que tantas veces se planteó en la historia. Vamos camino a una sociedad donde la mayoría quiere que, si somos 40 millones de argentinos, 20 millones sean ciudadanos y el resto policía. Si hoy se hiciese un plebiscito acerca de aplicar la pena de muerte a los pibes chorros, esta postura gana 90 a 10”.

 

AM: Viendo lo que generás en la gente que se acerca a agradecerte y a felicitarte por lo que hacés se me ocurre una comparación que quería compartir con vos. León Gieco dice de sí mismo que es el “Ídolo de los quemados”. ¿Te pasa algo similar?

C: (Duda)…Sí, pero la verdad esas cosas no ocupan espacio en mi cabeza. Yo sigo viviendo en la villa. Mi realidad cuando vuelvo de lugares como este en el que estuve hoy, es en una casilla. Yo no tengo auto, ni moto ni nada, tengo que salir a remarla todos los días para comer y ayudar en mi casa a mis hermanos. Así que si soy un ídolo, eso no lo veo reflejado en mi economía. Creo que lo que genero en el otro no son cuestiones que dependan de mí. Pero sí sé que si lo que hago sirve para sumar un granito de arena para que la gente empiece a vencer al enano fascista que todos llevamos adentro, aunque apunto concretamente a que cambie esa gente que piensa que todo pibe de la villa trabaje, estudie, haga lo que haga, es sinónimo de delincuencia. Si sirve para ayudar a vencer determinados estereotipos ya me considero hecho, realizado. Ya me ocurre esto cuando viene un pibe y me dice “ví tu peli”. Esto es ya una realización espiritual que tampoco imaginaba. Más allá de todo, también me pone contento saber que si bien existe una sociedad muy fascista existe en el mundo la solidaridad y la gana de cambiar las cosas. Si bien eso no se publicita mucho porque no vende, hay que buscar la manera autogestiva y de boca en boca para que lo bueno tenga difusión. Si puedo ayudar en algo para lograr esto, bienvenido.

 

AM: Por último, ¿qué te parece que sucedería si el César González de hace unos años se cruza a este que sos hoy?

C: Primero creo que no me reconocería y en caso de que lo hiciese, si me ve regalado, seguro el César de ayer le va a querer robar al César de hoy.

 

 

El poder de los medios

“Mas que a los medios yo estoy muy agradecido a la ayuda que me brindaron y brindan determinados trabajadores de los medios que me han ayudado mucho a difundir las actividades que realizo. Otros sé que me dan lugar en su programación para equilibrar aunque sea un poquito la balanza en contraposición al discurso dominante en la mayoría.

Muchas veces siento que mi pasado me persigue y que por el hecho de haber robado ya no tengo perdón. Un día en televisión me preguntaron: “¿Estás arrepentido?” Y yo dije que sí, que estaba arrepentido por haber causado un daño a otra persona por sacarle algo material… Pero esa no es la única violencia. Me gustaría saber si le pregunta lo mismo a los políticos responsables de que mi generación esté casi toda muerta, a los empresarios explotadores que generan desocupación. ¿O sólo tienen que estar arrepentidos los “pibes chorros”?”

 

AM: En la charla que recién tuviste decías que te tienen cansado los “opinadores” mediáticos que se la pasan hablando de cómo se vive en una villa y por ahí con suerte lo máximo que hicieron es meterse dos cuadras adentro de un barrio. Cuando encarás un nuevo proyecto, ¿cómo hacés para no caer vos mismo en esos estereotipos? Ya sea el estereotipo que pinta a quien vive en una villa como un “viejita” o un “bardo” o el “son todas mentiras, acá está todo bien y no pasa nada…”

C: Trato de buscar un equilibrio justamente entre esas dos cosas. También es diferente si decido hacer un documental que una ficción. En mis películas te puedo mostrar la misma violencia que otros directores como (Pablo) Trapero ó (Adrián) Caetano, pero no lo hago por mostrar la violencia en sí misma sino que siempre muestro las causas que la generan.

Igual, frente a la crudeza de la realidad mis películas son como sándwiches de miga. La realidad es mucho peor que lo que yo muestro.

En el caso de mi primera película, el pibe que sale a robar, primero sale a vender medias por toda la ciudad, y en la segunda si bien hay robos y violencia, primero está toda la historia del cartonero. Eso siempre trato de cuidarlo y desarrollarlo sin caer tampoco en la idea de que en los barrios está todo color de rosa y somos todos laburantes. La ficción también te permite un modo de contar más abierto y de libre interpretación por parte del espectador, en cambio en el documental la bajada de línea es más directa.

 

TODA su obra TODA

Además de los textos y anotaciones que asiduamente cuelga en su blog camiloblajaquis.blogspot.com.ar, César González tiene editados tres libros de poesía:

“La venganza del Cordero Atado”, “Crónica de una Libertad Condicional” y “Retórica al Suspiro de Queja”. La tapa de estos trabajos cuenta en su tapa con obras del artista plástico “ROCAMBOLE”, quien se hiciera conocido por realizar las tapas de los discos de “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota”.

Integra el equipo responsable de la revista “¿Todo Piola?”.

En 2013 dirigió el largometraje de ficción “Diagnostico Esperanza”:  “Un niño, un sueño y un robo. La vida en la villa y cómo un sistema de deseos, corrompe a la materia humana en toda clase social. En una familia misma”.

Al año siguiente estrenó su segunda película: “¿Qué Puede un Cuerpo?”: “Un humilde trabajador villero, varios pibes chorros, el sueño hermoso de un presente mejor que choca con la más cruel discriminación, el amanecer de la violencia y los eternos tejes manejes, metáforas del capitalismo, un carro que avanza recolectando los desechos de la ciudad posmoderna”.

Para el Canal de Televisión Encuentro realizó el documental  “Corte Rancho” y protagoniza la serie “Alegría y Dignidad”, además de haber realizado los cortometrajes, “Guachines” y “Truco”.

Actualmente trabaja en una película que estrenará a mediados de 2016: “Por reclamo de algunas feministas –que tienen razón- en mi próxima peli trabajan más actrices que actores. La protagonista es una chica que sale de estar presa, con todo lo que eso significa”.

 En Una Historia, miles de Historias (Breve Biografía)

César González nació en la villa Carlos Gardel del Partido de Morón, en el conurbano bonaerense un 28 de febrero de 1989. Es el mayor de ocho hermanos.

Hijo de un padre alcohólico y violento, su madre lo dio a luz con solo 16 años.

A los 13 años empezó su adicción a las drogas, los químicos y los medicamentos.

A los 14 comenzó su violento camino delictivo:

 “Empecé a robar cansado de no tener nada. La primera vez que robé me compré zapatillas y la segunda llevé a comer afuera a mis hermanos con plata manchada con sangre pero el sistema me la aceptaba igual. Eso es el capitalismo: no importa de dónde salga el dinero, lo que importa es que gastes”.

A los 15 años quiso robar un automóvil, resultó gravemente herido en el estómago y estuvo al borde de la muerte. Se recuperó, pero 5 meses más tarde se enfrentó con la policía y recibió varios tiros en las piernas.

A pesar de la pesada causa que tenía con solo 16 años (robo calificado, resistencia a la autoridad, abuso de armas y demás), el juez decidió dejarlo bajo la tutela de su abuela materna.

2 meses después y luego de estar involucrado en un secuestro extorsivo, fue detenido. Durante cinco años residió en institutos de menores y cárceles.
Mientras pagaba su condena conoció a Patricio Montesano, que dictaba talleres de magia en la prisión y fue quien, entre trucos y charlas, le acercó los primeros libros y pensadores:

 “Desde chico a mí siempre me gustó leer, pero él fue el que me salvó la vida porque fue el primero que me hizo sentir persona y me hizo creer que yo era capaz de algo. Cuando vos estás tan cerca del abismo ó haces un click y cambiás o desbarrancás definitivamente. Los que nunca aceptaron mi cambio fueron los psicólogos, los trabajadores sociales y los defensores del Estado.

La lectura me hizo caer la ficha de un montón de situaciones que creía eran producto del azar, cosas como: ¡Ah, no es casualidad que yo haya nacido en una villa!: hay un sistema económico que divide por clases sociales, y nosotros los de la clase más baja somos también los que hacemos los peores trabajos”.

Decidió comenzar a firmar sus primeros textos con el seudónimo Camilo Blajaquis, y gracias a su voluntad de cambio y los “salvavidas” que le tiraron, desde entonces esta historia terrible tiene un presente y futuro mucho más felices.

ENTREVISTA: FABIAN AGOSTA

FOTOS: JERÓNIMO ZAMORA

Corrección: Lautaro Giménez Lini

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