Un terreno complejo

Rejas adentro y muy lejos de lo que la palabra “inseguridad” significa hoy en día, existen aquellas personas que integran la cárcel. ¿Quiénes son? En su mayoría culpables de delitos menores que nada tienen que ver con las redes de secuestro de personas o las de narcotráfico, seres humanos que simplemente tienen que saldar aquel problema anterior que los llevó a cometer el delito, un problema profundo que no parece solucionarse con el llamado “proceso re-socializador” que se lleva a cabo en las cárceles. Estos problemas llevan a distintos colectivos e instituciones a cuestionarse los métodos y a proponerse construir, junto con la población carcelaria, otro tipo de re inserción en la sociedad. De estas inquietudes surge el programa UBA XXII, vigente desde 1985, encargado de la educación terciaria en cárceles, y a partir de este programa, surgen también los talleres que dan distintas agrupaciones, que completan el estudio formal brindando un espacio de debate, donde todas las opiniones valen por igual y tanto los temas a tratar como las conclusiones, se construyen entre todos. Nicolás Nuñez, tallerista de La Mella en Cárceles desde el 2009, nos cuenta de qué se trata esta iniciativa.

-¿Cuál es el objetivo de los talleres?

-El objetivo general es defender el derecho a la educación en el interior del penal. La privación de la libertad es solamente la privación de la libertad ambulatoria y es el único derecho que deberían sacarte; el derecho a la salud, a la educación y al trabajo deberían estar. Lo que hacemos nosotros son talleres extra curriculares que abordan distintas problemáticas vinculadas a las carreras, trabajamos cuestiones que tienen que ver con la cárcel en específico, cómo pensarla desde la psicología, desde el derecho, o cómo pensar la cárcel desde las ciencias sociales. La idea es poder problematizar cual es la función de la cárcel. La particularidad de los talleres es que no solamente pueden ir los estudiantes universitarios que estén presos sino que puede ir cualquiera. Por un lado tenés un pibe que se está por egresar de sociología, con una mentalidad ya armada, y por otro tenés un pibe que quizás no terminó la primaria, entonces salen propuestas desde distintas perspectivas.

-Los talleres, ¿se hacen en la cárcel?

-Sí, en el marco del programa UBA XXII hay centros universitarios que tienen la particularidad de tener autonomía universitaria y no entra el servicio penitenciario, o por lo menos no entra tan arbitrariamente como es en general, está de visitante. Eso nos permite problematizar de manera libre ciertos temas, como por ejemplo cuál es el rol del servicio penitenciario adentro de la cárcel, cosa que no podríamos hacer con el servicio al lado.

-¿En qué cárceles están?

-Estamos en Devoto, Ezeiza, Marcos Paz y en La Plata, son siete unidades en total, y lo que hacemos es ir identificando los problemas y sistematizarlo para que salga algo positivo. Una de las tareas es eso, discutir con el sentido común, encontrar estas tensiones entre lo que supuestamente debería ser una institución, y lo que realmente es.

– ¿Cuáles son los principales temas que se trabajan en los talleres?

-Ahora estamos haciendo un taller que se llama “El manual del detenido” que lo hacen los estudiantes de derecho y que habla sobre cuáles son las herramientas legales que hay para defenderse en distintas situaciones, como por ejemplo si de pronto te dicen que no tenés más visitas, o incluso en caso de un traslado. En general, salvo que hayas estudiado derecho, no se sabe nada de lo legal, y quienes manejan la institución se aprovechan de este desconocimiento. En el taller tratamos de identificar los temas y debatirlos para poner todo en un manual que vamos a tratar de editar a fin de año.

Tenemos también el taller de radio que es el intento de tratar ciertos temas que están cegados por las visiones más hegemónicas. En este taller estamos probando hasta encontrar un formato que pueda comunicar de manera que llegue a todos los sectores, no sólo a los que les interesa el tema. Pero por ahora ya es bastante complejo grabar los programas en el penal, así que estamos en la etapa de aprender qué queremos decir, cómo lo decimos, y estamos en un proceso de valorar la palabra, porque escuchar la propia voz es importante, ellos pueden escuchar sus voces grabadas, sus opiniones sobre ciertos temas, sienten que aquello que dicen le interesa a alguien.

Además, teníamos un taller de dibujo en el que la idea era trasmitir realidades a una imagen, y así llegamos a pintar un mural en la cárcel. Este cuatrimestre la propuesta de trabajar con el arte no se pudo hacer por los cambios de autoridades en la UBA. Pero está bueno, para una persona que no pudo acceder a los estudios secundarios, que haya un taller que sea más de expresión, más práctico.

Después tenemos también el taller de filosofía que es básicamente sentarse a hablar un tema, divagar… y por último está el de género que lo damos en la Unidad 4 de mujeres de Ezeiza y consiste en ir a tomar mate y hablar; se habla sobre la particularidad de ser mujer y estar presa, y salen muchos temas, como por ejemplo, el rol de la mujer en la familia: hay muchas presas que son madres y son el sostén de la familia. Esta es una tensión muy fuerte porque desde adentro no podés hacer nada.

-¿Cómo funcionan los talleres en la práctica?

– Lo que intentamos hacer en todos los talleres es romper con esto de ir con todo preparado; llevamos distintos temas, los planteamos y a partir de los ejes de discusión van saliendo las cosas, hay mucho que no está escrito, que es parte de las experiencias. La idea del taller es generar ese espacio donde se puedan plantear problemas y encontrar soluciones posibles.

– ¿Se plantea el problema de lo que sucede después de la cárcel?

-Sí. Nosotros partimos desde la educación y desde ahí se dan un montón de aristas. Una persona que estuvo detenida sale con problemas de estigmatización, con antecedentes penales, es decir, que después no lo toman en ningún trabajo y genera una cadena de que esa persona puede caer de nuevo. Es un tema complejo. Para darte un ejemplo, ahora nosotros estamos trabajando con una cooperativa de liberados que hacen producción textil, e incluso para la conformación de una cooperativa es complicado porque hay ciertas figuras de la cooperativa, el tesorero por ejemplo, que para tener ese rol no pueden tener antecedentes penales, o sea que incluso para formar una cooperativa o cualquier emprendimiento autogestivo, también es difícil. El año pasado presentamos un proyecto en el Concejo Superior de la UBA para que se puedan plantear ciertos cupos laborales para las personas que salen de la cárcel y que de cierta manera la universidad pueda contener a determinada cantidad de las personas que salen, no el cien por ciento porque es imposible, pero al menos un cierto número de cupos por Facultad.

-¿Cómo ven ustedes el ambiente carcelero?

-La verdad es que el discurso de la inseguridad muchas veces se ata de lo que es minoritario en la cárcel: los asesinos, violadores, ese tipo de delitos que pegan en el sentido común, pero es la minoría de la gente. El público que hoy puebla las cárceles es gente que tiene familia y que tiene que salir a conseguir como vivir y no puede. En los últimos 30 años aumentó mucho la población carcelaria, pasó de 17.000 personas a 60.000 desde el 92’ hasta ahora (2015). Eso también tiene que ver con las políticas que excluyeron a un montón de gente del círculo laboral, gente que sin políticas de asistencia queda totalmente excluida. Esa es la población que está en la cárcel, y cuando sale, al no haber políticas de estado, vuelve a lo mismo. Uno lo puede ver como un problema individual de cada una de las personas que obró mal en su vida y ahora tiene que pagar su condena; esa es una lectura, pero también está la opción de ver que si de 20 personas que van al taller, 18 son de barrios marginales, de las villas de Capital o de cualquier barrio estigmatizado, puede ser otro el problema. En general, la mayoría de las mujeres están presas por narcotráfico, pero esa es la carátula porque en realidad es gente que vende o que una vez vendió faso o algo así de chiquitaje.

-Y en los hombres, ¿qué es lo más normal?

-El robo pequeño, robo de calle, delito simple. Si te fijas todo esto parte de un problema económico previo, porque no hubiese ido a robar o vender droga si tuviese un trabajo fijo o todos los derechos respetados, cubiertos digamos. Son temas muy complejos que cuesta sistematizarlos y darles un discurso accesible porque del otro lado siempre está el ataque constante, porque el preso es siempre el enemigo y como es el enemigo no merece absolutamente nada, eso es una pared bastante fuerte que hay que romper.

 

Para saber más sobre los talleres en las cárceles, consultar en la página web de La Mella en Cárceles, en la revista La Fuga, difundida en sedes de la UBA y de la UNLP, o bien escuchando los micro-programas de radio que se emiten en Radio Sur (F.M. 88.3) y en el programa “Llevalo Puesto” de La Tribu (F.M. 88.7).

 

por Lorena Bermejo

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