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El adoquín hecho paño

Entrevista a Gabriela Olguín, presidenta de la cooperativa “El Adoquín”.

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Entrevista a Gabriela Olguín, presidenta de la cooperativa “El Adoquín”.

San Telmo, barrio donde se ubica el casco histórico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es un imán para los turistas. Entre adoquines y arquitectura colonial, está la Plaza Dorrego y también la calle Defensa, que los fines de semana se convierte en peatonal para albergar un paseo de artículos artesanales al aire libre, uno tras otro.

Allí, algunos artesanos se reunieron y formaron la cooperativa de trabajo “El Adoquín”, que integra la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. En noviembre de 2014 presentaron un proyecto de ley en la Legislatura porteña, cuyo propósito es regular el funcionamiento de la feria, que existe desde hace ocho años con fuertes conflictos con el Gobierno de la Ciudad, que impide su normal funcionamiento y persigue a los vendedores. “El Adoquín” padece 52 denuncias impulsadas por el Gobierno porteño, que pretende acusar a los trabajadores de mafiosos.

Gabi Olguin - adoquin web

Gabi Olguin – adoquin web

Gabriela Olguín es trabajadora artesanal y es presidenta de la cooperativa. Hace unos días volvió al país, tras participar de un encuentro mundial de trabajadores ambulantes, en la India. Y ahora, charla con Al Margen.

–¿Cómo definen su trabajo y cómo surge la cooperativa?

–Nos definimos como trabajadores de la vía pública. Nuestra reivindicación es la lucha por vender en la calle. Decidimos llamarnos “El Adoquín” porque teníamos un compañero que hablaba de “la cultura del adoquín”, porque para laburar tiramos la manta en el piso. Y, además, tenía que ver con un estado de necesidad de emergencia y también con no ser víctimas de los puesteros. En Buenos Aires hay todo un negocio y muchas veces las cuadras de feria, y las ferias mismas, son manejadas por puesteros. La cooperativa está integrada por 300 personas: las que cada domingo ponen sus mantas sobre la calle Defensa, entre San Juan e Independencia. Desde el 2009, nos juntamos bajo la consigna “Trabajo digno hecho a mano”. La idea de organización surgió para enfrentar de manera mancomunada las persecuciones que sufríamos por estar en la calle.

–¿Qué productos ofrecen?

–Diseño y elaboración de indumentaria, calzados y productos de cuero, oficios artesanales, pequeños muebles, instrumentos musicales, y algunos, revenden suvenires. El público busca productos de gran valor agregado: artesanales de producción manual.

–¿Producen en conjunto o la cooperativa sólo los nuclea de forma reivindicativa?

–Al principio, nuestro objetivo era reivindicativo: la resistencia a los operativos policiales, la pelea por defender el trabajo. Después, cuando conseguimos estabilidad, nos empezamos a pensar como una unidad productiva, aunque tuviésemos oficios diferentes. Ahora estamos generando productos colectivos: bufandas circulares. El proyecto es ampliar la comercialización para generar un ingreso mayor para todos los compañeros.

–¿Qué conflictos enfrentan cotidianamente los vendedores callejeros?

–La pelea más importante es para que sea reconocido el derecho al trabajo en la vía pública, ya que las reglamentaciones regulan la ocupación del espacio y no el trabajo. Macri quiere “puertomaderizar todo”, o sea aplicar la lógica de restricción del espacio público, mostrando una fachada prolija y reservando el espacio para los negocios privados sin lugar para los sectores de menores recursos.

–¿Los comerciantes interpretan la labor de los vendedores ambulantes?

–Los comerciantes se quejan porque dicen que los manteros compiten con lo que ellos venden, pero en realidad no dejan de vender sus productos. Ése es un imaginario que busca estigmatizar a los que menos tienen. Tampoco es cierto que el que vende medias se ponga enfrente de un local que vende medias. La ley de la calle te da cierta inteligencia.

facebook/CooperativaDeTrabajoelAdoquinLtda

Por Luis Zarranz, Vivian Palmbaum y Francisco Farina

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