El viento que canta en la piedra, la mano que encarna la trama de la cultura.

COOPERATIVA DE COMERCIALIZACION, PROVISION Y CONSUMO GENTE DE SUMUNCURA Ltda.

COOPERATIVA DE COMERCIALIZACION, PROVISION Y CONSUMO GENTE DE SUMUNCURA Ltda. Cerca de cumplir 10 años de organización cooperativa, compartimos la experiencia de este proyecto que sintetiza arte, trabajo e identidad. Un viaje a la Patagonia profunda.

La escena se repite una y otra vez, transmitida de generación en generación, de madre a hija. Ella se encuentra sentada, sus manos curtidas de estepa, viento, leña. Un gesto de calma se configura en su rostro. Toma el vellón, ya cardado, y lo comienza a trabajar con sus dedos, para darle una forma de fina fibra. El hilado de la lana es el paso inicial para darle vida, a través de distintas técnicas de tejido, a productos que expresan la continuidad del conocimiento ancestral, de una cosmovisión que cuenta en sus tejidos sus símbolos. Que expresan la conjunción armoniosa de la vida de la comunidad en respeto por la ñuke mapu.

En el interior del hogar, cuando el frío y el viento arrecian y erosionan lo que encuentran a su paso. O cuando llega la primavera y el sol calienta un poco más, sentada bajo un cielo infinito, rodeadas de formaciones basálticas de la era precámbrica, que se pierden en el horizonte. Antaño al calor del fogón, hilando con una vara parada arriba de un círculo como plato, el huso y la tortera. Siempre atendiendo las cosas de la casa, criando los hijos. En estos tiempos también con máquinas, como la rueca o la cardadora, cerca de una cocina económica. Sola, o acompañada en grupo, sumando para aportar con sus abrigos, ponchos, mantas, gorros, matras, tapices, a la economía familiar. Es la mujer de Sumuncura.

Donde alguna vez estuvo el mar

Inmensa y desconocida, la Meseta de Somuncura es un afloramiento basáltico que Río Negro comparte Chubut. En Río Negro, la reserva que lleva ese nombre abarca la friolera de 16 millones de hectáreas. Se llega por la ruta 23, desde Maquinchao se accede por la ruta provincial 5 hasta el paraje rural El Caín. Con 500 habitantes, es el asentamiento más denso, antes de sumergirse en la inmensidad de la estepa. O desde el mar, viajando desde Sierra Grande, también por la ruta 5, se llega desde Cona Niyeu. Desde Los Menucos, Sierra Colorada, Valcheta, sobre la ruta 23, surgen caminos muchas veces intransitables, que conectan los parajes que circundan la meseta.

Sus pobladores aclaran, no es Somuncura, es Sumuncura, con U. Del mapuzungun, curá/”piedra”, y sumun (derivado de zungun)/ “que habla”. Es el sonido de las rocas, mayormente basaltos, azotadas por el viento.

Es un área muy extensa, poco habitada, que ofrece ambientes áridos semidesérticos, la estepa norpatagónica, afectada por la desertificación creciente de los últimos 20 años, si bien hay datos concretos de importantes reservas hídricas en su subsuelo. Con sitios arqueológicos y paleontológicos que atesoran en secreto las expresiones de eras geológicas como la precámbrica, la era ternaria y cuaternaria, como de las comunidades originarias que allí habitaban milenios antes de la llegada del hombre blanco, rodeadas de guanacos, cóndores, choikes.

Allí germina también la expresión del cooperativismo. Quizás como genuina expresión de un pueblo que entre sus principios cosmogónicos, encontraba la herramienta comunitaria como modo de resolver necesidades y problemáticas comunes, el sustento, el abrigo, la transmisión de sus saberes y su interpretación de la vida en comunión con la naturaleza. Quizás por eso también, el cooperativismo es una herramienta de canalizar la subjetividad de la mujer mapuche, artesana de la vida. Son las artesanas cooperativistas de la Región Sur rionegrina, Gente de Sumuncura.

Un poco de historia

La Cooperativa de comercialización, provisión y consumo Gente de Sumuncura tiene su sede en Los Menucos y agrupa aproximadamente a 100 mujeres, que en su mayoría se reconocen mapuches, de 9 localidades de la Región Sur de la provincia de Río Negro.

Su origen se remonta a inicios del 2002, cuando en medio de la mayor crisis económica, social y política que sufriera la Argentina, un grupo de misioneros que venía visitando la zona desde hacía unos años conformó en los parajes de Comicó y Prahuaniyeu dos grupos de aproximadamente 10 mujeres con el fin de recuperar la técnica y la tradición del hilado artesanal de lana de oveja y poder así contar con un mayor ingreso para el grupo familiar aprovechando la principal materia prima de la zona.

En el año 2004 a partir de la iniciativa del párroco de Los Menucos, el Padre Fernando Rodríguez, el proyecto se reprodujo en otros pueblos y parajes de la zona, incorporando la elaboración de tejidos con las técnicas de telar mapuche y a dos agujas. Posteriormente se comenzó a realizar el teñido de las fibras con productos naturales de la zona. En el año 2005, luego de un proceso de organización para su consolidar su funcionamiento, se constituyó la Cooperativa Gente de Sumuncura Ltda., con apoyo de técnicos de la Secretaría de Economía Social de la provincia, que colaboraron para lograr el objetivo de la formalización jurídica del proyecto cooperativo, que permitiera comercializar su producción de manera organizada a través de la articulación institucional y organizacional.

“Muchas de nosotras queríamos saber nuestro origen. Y hoy, lo que hacemos es lo que siempre hizo la mujer indígena: lavamos la lana, la hilamos, la teñimos con productos que nos da la tierra y tejemos prendas para vestir a los integrantes de nuestras familias y también para vender. Siempre, rescatando el sentido y los valores que tiene el trabajo en conjunto… el cooperativismo” señala Sandra Martínez, presidenta de la cooperativa.

Sandra es una de las 30 artesanas de Sierra Colorada, cuenta que cada uno de los colores, el diseño de los dibujos, tramas del tejido y prenda a confeccionar “tienen que ver con el estado de ánimo, con lo que se quiere decir… pero todo lo que hacemos, ya sea al telar o a dos agujas tiene mucho sentimiento. Así lo hacían nuestros antepasados y tratamos de conservarlo”.

Desde entonces la cooperativa ha crecido sustancialmente, tanto en cantidad de socias, como en su articulación con otras instituciones y el establecimiento de ciertos procedimientos internos que permiten administrar desde la entrega de materia prima hasta la venta de la producción, y la distribución de los retiros correspondientes a sus asociadas.

 

Misión y objetivos

La cooperativa busca recuperar la práctica ancestral del hilado y tejido a telar mapuche que se llevaba a cabo en el territorio y brindar una fuente de ingresos a las mujeres que habitan el mismo. Para ello brinda diversos talleres de capacitación a sus socias, que abarcan, no solo la práctica del hilado, tejido y telar, sino que se busca fortalecer sus conocimientos en temas de comercialización, cooperativismo y economía social.

La organización se hace responsable de comercializar la producción de sus socias, teniendo entre sus funciones la identificación y contacto con distintos puntos de venta, la coordinación logística que abarca desde la compra y entrega de la materia prima a las artesanas, el pago de la producción a las mismas, la clasificación, etiquetado y envío de mercadería a los distintos puntos de venta.

Entre sus objetivos estatutarios, definen como prioritarios la comercialización de la producción de sus asociadas; la adquisición por cuenta de la cooperativa y para proveer a las asociadas, sus familias y el personal en general, de artículos de consumo, productos, instrumentos, maquinarias, herramientas, repuestos, enseres, productos veterinarios, bolsas, hilos, semillas forrajeras, etc. para la explotación que realicen o para consumo familiar; agregar valor, a través de la manufactura, elaboración, industrialización, etc. a la materia prima obtenida de la actividad ganadera para su posterior comercialización en los mercados externos e internos; fomentar por todos los medios posibles los hábitos de economía y previsión; propiciar, mediante la capacitación, la elaboración de productos y subproductos artesanales y la recuperación de la cultura de los pueblos originarios de la región; dedicarse al estudio y defensa de los intereses económicos agrarios en general y de los asociados en particular; fomentar el espíritu de solidaridad y de ayuda mutua entre las asociadas y cumplir con el fin de crear una conciencia cooperativa, educando y promoviendo la armonía entre productores y consumidores.

Centros de Producción

Las socias de la Cooperativa están distribuidas entre los siguientes pueblos y parajes: Los Menucos, Sierra Colorada, Aguada de guerra, Ramos Mexía, Treneta, Yaminué, Comicó, Prahuaniyeu, Queupuniyeu. Cada localidad cuenta con un centro de producción, en su mayoría articulados con las capillas de la iglesia católica existentes en cada uno de ellos.

Se denomina pueblos a los ubicados sobre la Ruta 23 (o las vías del tren Línea Sur). Los pueblos poseen intendencia propia, un mayor número de pobladores, colegio secundario, y hospital. Se le llama parajes a grupos de casas que se encuentran ubicadas distantes de la Ruta 23, poseen una Comisión de Fomento, una escuela primaria y sala de primeros auxilios. El resto de las instituciones nacionales, tienen sede en Bariloche y/o en Viedma. Sin embargo, por ser la principal cooperativa de la zona (desde Aguada de guerra hasta Ramos Mexía) la Cooperativa es un referente territorial central para la mayoría de los organismos públicos, y cuando los mismos viajan a la zona de influencia de la Cooperativa, trabajan con ella.

Habitantes y Distancias desde la sede de la Cooperativa en Los Menucos:

Pueblos y Parajes Población aproximada Distancia en km. (a Los Menucos)
LOS MENUCOS 5.000 0
Aguada de Guerra 1.500 35 (asfalto)
Sierra Colorada 2.500 45 (asfalto)
Ministro Ramos Mexía 1.000 90 (asfalto)
Comicó 150 70 (camino de tierra)
Prahuaniyeu 200 70 (camino de tierra)
Queupuniyeu 150 105 (por ripio y camino de tierra)
Treneta 250 165 (por ripio y camino de tierra)
Yaminué 250 170 (por ripio y camino de tierra)

Además de los habitantes que se encuentran en los pueblos y parajes hay un gran número de pobladores dispersos por los campos y la meseta, algunos a más de 150 km. del pueblo más cercano por caminos a veces inexistentes, lo que dificulta muchísimo su comunicación.

Jacinta Flores, vocal del Consejo de Administración, se refirió a cómo nació la idea de llevar adelante el proyecto solidario entre varias localidades y parajes. “La idea surgió hace unos ocho años, a través de un cura párroco que estaba en la localidad, Fernando Rodríguez que fomentó la creación de una cooperativa para poder rescatar lo que hay acá en la zona, que es la lana, por tal motivo nos pusimos en contacto con gente que quiso trabajar en esto”.

“Hoy estamos trabajando gente de Los Menucos, Sierra Colorada, Aguada de Guerra y los parajes. En total somos un grupo de más de 90 mujeres, que hacemos hilado, tenemos además un grupo que trabaja con dos agujas y un grupo que hace telar” indicó. Cuenta que “tenemos acá en Los Menucos la sede de la Cooperativa, tenemos la casita donde nos reunimos, en el Ferrocarril, la Intendente de la localidad nos ha donado un local para que podamos hacer nuestras actividades, es ahí donde nos juntamos a trabajar, reunirnos, hacer contactos y salir a vender. Desde allí hacemos los envíos de nuestros productos a otros lugares, los vendemos y con lo que cobramos pagamos a las asociadas”.

“Nosotros hacemos el teñido natural, cosa que se había perdido, de todas maneras nosotros seguimos trabajando y capacitando para lograr mejores productos, seguir aprendiendo, conocer sobre los dibujos, los símbolos”.

Beneficios que brinda la cooperativa a sus socias

1)    La posibilidad de acceder a cursos y talleres de aprendizaje y mejoramiento de las técnicas de producción artesanal, lo que ha estimulado a muchas mujeres a ingresar a la cooperativa y/o a mejorar la calidad de sus productos.

2)    Facilitar el acceso a herramientas que resultan claves para poder emprender sus labores.

3)    Facilita la materia prima necesaria para la producción. Realiza la logística de traslado de producción intermedia (ej. lana hilada) para que otras socias puedan utilizarla en la confección de prendas y telares.

4)    Facilita y canaliza la venta de la producción: identifica y realiza acuerdos con distintos puntos de venta, y se hace cargo de la logística necesaria para que la mercadería llegue a dichos puntos, así como de la recepción del dinero una vez que la producción se ha vendido.

5)  Participación social: las mujeres de la zona no cuentan con otros espacios de reunión, por lo que la cooperativa constituye su espacio de sociabilización, permitiendo compartir sus dificultades, necesidades, etc. La incorporación de la mujer al mercado laboral y a la economía familiar es un incentivo al reconocimiento de la igualdad de derechos y oportunidades de la mujer a un nivel social más amplio. Esto genera interés por parte de otras mujeres que encuentran en ser socios de la cooperativa una posibilidad de participación social.

6)    La cooperativa cuenta con espacios para la elaboración de los diferentes productos, por lo que las artesanas pueden realizar su trabajo con mayor calidad y velocidad, además de contar con la posibilidad de trabajar de manera grupal.

7)    Proyecto de agua: la cooperativa ha sido una de las instituciones beneficiarias de un proyecto de acceso al agua que se llevó a cabo en la región de la mano del “Bloque de cooperativas”. Esto permitió que algunas de las socias de la cooperativa pudieran contar con agua en sus hogares.

8)    Asistencia técnica

9)    Acceso a proyectos productivos de consumo familiar o en pequeña escala: la cooperativa ha actuado de nexo con distintas instituciones públicas que se acercan a la zona, facilitando el acceso a los insumos para la diversificación de la producción.

Acerca de las técnicas productivas.
Hilado.

La lana utilizada para la confección de las prendas es el resultado de un trabajo de hilado artesanal. Los hilados artesanales son aquellos que se producen a partir de fibras textiles de origen natural mediante un proceso de hilatura manual, o bien empleando solo equipos de construcción casera, sin incorporar ninguna variable tecnológica en todo su proceso. El hilado se logra uniendo fibras para obtener un hilo continuo que servirá para los posteriores procesos de tejidos o en el uso final como hilo.

La lana se debe lavar antes de ser hilada, a efectos de sacar los restos orgánicos que se van adhiriendo al animal a lo largo del año. Una vez que la lana está limpia, se deja a secar, hasta que permite ser cardada o escarmenada. Esta tarea, que se puede realizar mediante una cardadora o manualmente, implica “peinar” la fibra a efectos de facilitar su posterior hilado. Para ello se estira la lana deslizando los dedos sobre ella, extendiéndola sin cortarla, creando franjas largas de lana que más tarde se utilizarán para hilar.

Después de esquilada, lavada y cardada, la lana es hilada con un huso o una rueca. El huso es una varilla de madera, que lleva en su extremo inferior una pieza que se denomina Chinkud (o tortera) generalmente redonda. La rueca, es una máquina artesanal, accionada a pedal, que permite torcer el hilo con mayor rapidez. El torcido del cabo se va produciendo por el movimiento de rotación que se imprime con las manos hasta obtener un hilo del grosor deseado. Finalmente se armarán las madejas.

Teñido natural

El proceso del teñido natural se basa en la utilización de especies de vegetación presente en la naturaleza de la región. Mediante el uso de cortezas, hojas, flores, raíces, frutos, etc., se obtienen colores que se utilizan para teñir las fibras que luego serán utilizadas para tejer. Todos los productos de la cooperativa se realizan con fibras teñidas naturalmente o en sus tonalidades naturales. Lo que cambia las tonalidades son las proporciones, las mezclas y los diferentes mordientes, los que se utilizan para fijar el color, que pueden ser: sal, limón o ceniza.

Primero se ponen a hervir en agua los elementos seleccionados de la naturaleza, a efectos de generar una tintura natural. Luego, se filtra la tintura, la cual se coloca junto a las fibras en una olla junto a los mordientes. Ésta se pone a fuego lento durante una hora, evitando que la misma llegue al punto de hervor, a efectos de evitar el daño de la fibra. De esta forma, los colores penetran la lana. Luego, se deja en remojo hasta que se enfríe, se enjuaga varias veces, para finalmente dejarla secar.

En la región se alcanza el color mostaza a partir de la cáscara de cebolla, el verde de la yerba, el beige de la cascara de nuez, el verde musgo del hollín, el rosa viejo del molle; el rosa fuerte del lapacho; el amarillo de la jarilla y el marrón del algarrobo.

Telar mapuche

El telar utilizado por las artesanas de la cooperativa, es el telar vertical o huitral (witral). El mismo se apoya verticalmente contra la pared, lo que permite que las artesanas trabajen paradas o sentadas. El tejido consiste en un entrecruzamiento de un sistema de hilos llamado urdimbre (los que se fijan al telar) y trama (los que va pasando la tejedora). La tejedora diseña los dibujos a medida que va realizando la labor sobre una urdimbre previamente preparada.

En este tejido hay dos pasos fundamentales: el urdido y el tejido propiamente dicho. El urdido es el primer paso para comenzar a elaborar una pieza en el telar, y consiste en colocar la lana hilada sobre el telar. La segunda etapa, el tejido propiamente dicho consiste en cruzar el hilo de la trama entre los hilos de la urdimbre repetidas veces ajustando el tejido en cada pasada.

A modo de cierre

Además de trabajar el reconocimiento identitario a través del tejido, la cooperativa brinda la posibilidad a la mujer de Sumuncura de ocupar un rol más activo en la economía familiar. También de reunirse, compartir, integrarse y ayudarse unas a otras. Mientras escribo, según comentó su presidenta, Sandra Martínez, las referentes del Consejo de Administración estaban abocadas a organizar la realización de la Asamblea Ordinaria de la cooperativa cumpliendo con las obligaciones jurídicas, pero sobre todo con las responsabilidades propias de la gestión cooperativa. “Tenemos un montón de cosas para tratar, espero que puedan venir la mayoría de las socias” dijo Sandra, dejando entrever la dificultad que implica la comunicación y la participación protagónica en una experiencia condicionada por la geografía del lugar, las distancias entre los parajes y pueblos, el estado de los caminos.

A su trabajo silencioso, al arte que brota de sus manos a través de la lana, a su cultura viva, a su Asamblea como espacio democrático y soberano de toma de decisiones, un fraterno abrazo cooperativo.

 

Por Marcelo Viñuela

Fotos; gentileza Ezequiel Martínez

 

 

 

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